Critico de la «revolución bolivariana» y especialmente de su rumbo posterior a la muerte de Hugo Chávez, el periodista venezolano radicado en Argentina ofrece en esta entrevista acerca de la operación militar yanqui en la que fue secuestrado el presidente Nicolás Maduro el 3 de enero. Una interpretación polémica pero cargada a la vez de información y alejada de cualquier lugar comun, no sólo del reciente descenlace del ciclo político chavista, sino del mecanismo que lo condujo al fracaso.
Por Adrián Pérez Duarte para Prensa Comunitaria Km. 169/
– Usted afirmó, sobre los hechos sucedidos en Caracas el 3 de enero, que se trató de un “asalto imperial a un gobierno que le facilitó la tarea, pero no de manera consciente o propositiva”. ¿Puede explayarse más sobre este concepto?
– El asalto militar yanqui no llegó sólo, unilateral. Pudo ocurrir porque encontró una combinación de condiciones favorables: primero, un contexto geopolítico propicio con el resguardo de China y Rusia en el Consejo de Seguridad, las actitudes casi contemplativas de Lula, (Gustavo) Petro y (Claudia) Sheinbaum, un estado catatónico cuando no favorable del resto de gobiernos del continente, como si la agresión no tuviera incidencia sobre sus pueblos. No le dieron ninguna importancia a que fue este el primer bombardeo a una ciudad suramericana. Eso quedó como una advertencia directa a cualquier gobierno que pretenda ser independiente. En ese contexto, Maduro ya estaba muy debilitado como figura; una encuesta de finales de noviembre le daba menos del 20 por ciento en imagen positiva; eso era verificable en las calles de las grandes ciudades, incluso en la masa social chavista, excepto entre los funcionarios. Al mismo tiempo, el gobierno estaba casi paralizado en una negociación sin destino con Marcos Rubio y Stephen Miller; tercero, tanto el gobierno, como el Estado Mayor de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana se equivocaron en la estrategia defensiva.
– Los expertos militares desaconsejan las invasiones terrestres.
– El gobierno se preparó sólo para una invasión tradicional. Eso ya ha sido descartado hace varios años, después de Irak y Afganistán. El enemigo también aprende de sus errores. Ese fue el sentido de las milicias sean cuanto hayan sido (por mis fuentes nunca alcanzaron el millón). A eso sumó la desidia. Las fuentes militares que consulté informaron que casi todas las baterías anti aéreas estaban descubiertas a cielo abierto. Algo de eso conté en un artículo publicado en Tiempo Argentino y Aporrea. Además, eran días festivos. Pero lo más grave es que el pueblo estaba desarmado política y moralmente; esto es lo central. Me contó un amigo coronel retirado que no había orden superior de alerta para esa primera semana de enero, además de que las plataformas anti aéreas rusas estaban sin engrasar o lubricar desde hacía rato. La suma de eso se llama auto desarme político-militar del gobierno. Ni siquiera fue planteada en el Estado Mayor la hipótesis de otro modelo de ataque. Carlos Lanz, el experto en ciencia militar asesinado en 2018, lo habría advertido. Pero eso no fue casual o falta de inteligencia cognitiva, sino la consecuencia inevitable de confiar todo a la negociación con Rubio y Trump, un error que ni Fidel ni otro jefe similar habrían cometido. No prepararon al país para defenderse de lo real. En esas condiciones, la negociación que hacía el gobierno se volvió favorable para el enemigo. Porque se trata de un imperio altamente agresivo. No se discutía un convenio colectivo con patroncito. Fue como que declarar una huelga obrera sin fondo de huelga y en siesta.
– Maduro puso muchas fichas en la negociación con el gobierno de Estados Unidos.
– Maduro y el resto del gobierno cometieron el error fatal de someter todo, absolutamente todo, a la mesa de negociaciones con Marco Rubio y otros. Eso fue y es un error conceptual. Pero también de cálculo. Hacían propaganda de aquella frase del Che de “no confiar en el imperialismo ni un tanto así…’’. Pero apostaron todo a la negociación con Washington. No aprendieron nada de la historia reciente. Parece que el gobierno de Qatar metió la mano y quizá otros “amigos”. Se confirmará o no pronto. Esa negociación comenzó en enero 2025 entre Maduro, Jorge Rodríguez (el hermano de Delcy) y Richard Grenell, el alto enviado de Trump. Miraflores sometió todo a la negociación.
– Pero, a fines del año pasado, la negociación se estancó.
– Eso pasó porque Maduro insistió en mantenerse como Presidente, como si tuviera fuerzas para eso. Creo que ya estaba desconectado de las calles hace mucho rato. Maduro aceptaba las condiciones de Estados Unidos, igual que lo hace Delcy desde el 3 de enero, pero con él en la presidencia como condición sine qua nom. En ese punto muerto, Trump, (el secretario general adjunto de la Casa Blanca, Stephen) Miller y Rubio patearon la mesa. Se lo permitía la relación de fuerzas superior de Estados Unidos y la inteligencia previa que les aseguraba lo que vimos desde el 3 de enero: el pueblo no saldría a las calles por Maduro. Ningún imperio que se respete mueve el 12 por ciento de su armada, gasta 47 millones de dólares diarios y asesina a más de cien pescadores frete a tus costas, solo para amenazar o mostrarse.
– ¿A qué le atribuye usted la reacción de Rusia y China?
– Para Rusia y China Venezuela tiene importancia relativa, pero no es un factor estratégico global. No es Irán. Tenerla o perderla no afecta la seguridad de ambas potencias. Igual que Nicaragua. No olvidemos que desde el Pacto de Yalta (1943), Rusia y China reconocen el derecho de Estados Unidos sobre lo que suceda en este lado del hemisferio occidental. Las inversiones de ambos en Venezuela serán respetadas. Eso se negocia en una mesa.
– Y a nivel más regional, ¿por qué Brasil, México y Colombia se limitaron a criticar la moralidad diplomática, como usted señala, y nada más?
– Los gobiernos de Brasil, México y Colombia actuaron como si el ataque a Venezuela no tuviera que ver con ellos. Petro adoptó una posición beligerante un mes antes, pero cambió. Fue un error que lo pagarán caro sus pueblos más adelante. En el fondo, esa actitud timorata se debe a que están afirmados en las mismas ideas falsas de Maduro, Delcy, Diosdado, Jorge y Padrino. No son anti imperialistas, menos socialistas. Ellos aman este tipo de sistema social, sus formas políticas y la relación con Estados Unidos. Por eso Delcy define el ataque como “una mancha en las relaciones entre ambos países”. Para ella no existe el imperialismo. Eso lo repetía cuando Chávez lo gritaba. Nada más. En el fondo, confían en Estados Unidos como el “modelo de democracia” y apuestan a cogobernar con ese imperio. Esas ideas las llaman “diplomacia inteligente” o “diplomacia de paz”. Así la llaman Delcy y su hermano, las dos figuras centrales del nuevo régimen político.
– ¿Qué cambia en Venezuela a partir de la detención de Nicolás Maduro?
– Lo primero, cambia la condición semi colonial de la nación. Desde 1917 y hasta 2002 fuimos una factoría petrolera yanqui. Luego, con Chávez, el país ganó una independencia avanzada. Fue relativa porque nunca se completó con la expropiación del capital, como se hizo en Cuba entre 1960 y 1961. Desde 2014, la nación giró a otras formas de dependencia nueva. Y desde el 3 de enero 2026 somos una forma anómala de protectorado o vasallaje semicolonial de nuevo tipo, porque el gobierno de Delcy tiene “derecho al pataleo” (le permiten gritar algunas frases), pero desde su condición de gerente del protectorado, no de gobernante soberana. No es la Enmienda Platt de Cuba en 1901 o el Tratado Hay-Bunau Varilla para Panamá de 1903, pero se aproxima. Es una forma anómala de protectorado. Alguien lo dijo con humor hace poco: desde el 3 de enero de 2026, Venezuela tiene tres presidentes: Trump (impuesto), Maduro (preso) y Delcy (transitoria).
– ¿Cuál es el rol de Delcy Rodríguez y Diosdado Cabello en la caída de Maduro y en lo que va de esta transición?
– El de Delcy fue aceptar el rol de figura de remplazo o factor de destrabamiento en la negociación. Ni ella ni Diosdado entregaron a Maduro en términos policiales o de traición. Ese fue el cuento inoculado desde la prensa de Londres y Washington. Fue más complejo. No era necesario “entregar” a Maduro. Todo el gobierno apostó solamente a la negociación sin preparar la resistencia. Cuando ese diálogo explotara, eran inevitables dos opciones: la invasión total o lo que ocurrió, una extracción de cirugía militar de alto calibre. Delcy jugó un rol propiciatorio, decisivo en el desenlace. No olvidemos dos elementos clave. Uno, ella tenía en sus manos dos palancas institucionales, la vicepresidencia Ejecutiva y la presidencia de PDVSA, la empresa petrolera con la que pactan Chevron y quien desee explotar crudo en Venezuela; ese rol doble se volvió privilegiado para una salida negociada, decisivo en términos institucionales a favor del cálculo estratégico del Pentágono: no repetir el error de Irak, Afganistán, Vietnam. Ella podía garantizar a Estados Unidos la continuidad del sistema político con el resto del gobierno. Para una lectura formal, policial, primitiva, periodística barata, ella “lo entregó” porque lo reemplazó, pero esa es la apariencia. Si lo hubiera entregado se habría convertido en agente directa de Estados Unidos. Y no, ella es pro yanqui, pero en forma indirecta, pactada. Eso le augura pocas probabilidades de duración en el poder. Saltará entre la presión externa y la interna, que ya dio señales de comenzar con el reclamo de los trabajadores de la Universidad Central de Venezuela.
– ¿Y Diosdado Cabello? ¿Qué papel jugó?
– Diosdado Cabello no jugó un papel central en esa parte el drama. Todo se jugó afuera. Su rol es más central desde el 3 en adelante porque será el encargado de mantener a plomo cerrado lo que Delcy proclama como la “paz social”. Esa paz es vital para el objetivo de Estados Unidos, porque sin ella no hay petróleo seguro. El será el garante interno del acuerdo externo. Ambos, Delcy y Diosdado, son dos partes de un Bonaparte bicéfalo sobre la Nación inerme.
– ¿Y por qué cree que se jugaron todo en la mesa de negociación y descuidaron la autodefensa?
– Eso es más complejo, pero no misterioso. Los cinco, con Maduro al frente, cambiaron el proyecto de Hugo Chávez desde 2014. Abrazaron la idea falsa de que una alianza con la derecha y el empresariado era la salida. Por eso armaron en 2014 las Mesas de Trabajo con Fedecámaras y Consecomercio. Por eso pactaron con la Chevron. Por eso Maduro pagó en 2017 toda la deuda externa y en 2018 inicio un proyecto de desarrollo junto con los empresarios y el comercio turco e iraní. Apartó a las comunas, que era la institución base del proyecto de Estado Comunal de Hugo Chávez. Estas fueron desapareciendo o vaciándose de su naturaleza de clase. Eso lo condujo a la locura de decretar en 2022 la congelación del salario mínimo y las convenciones colectivas. Delcy mantiene ese decreto. Por eso, ese salario hoy es de 0.35 centavos de dólar. No hay misterios en la política. Uno gobierna con los recursos materiales que cuenta y con las ideas que tiene en la cabeza. El pueblo puede estar o no, según sea tu proyecto.
– ¿Cómo se explican esos giros en la política venezolana?
– Ni Maduro ni el resto se formaron para dirigir una revolución o un proyecto socialista. Chávez tampoco, pero tuvo la honestidad de decirlo y cambiar de ideas con el empuje rebelde del pueblo desde 2002. Paso del nacionalismo militar en 1992, a la Tercera Vía de (Tony) Blair en 1999, y de ahí saltó a una idea de socialismo popular desde 2002. Le fue fácil avanzar hasta el concepto marxista del Estado Comunal. Eso quedó retratado como un drama para la historia, en el video de finales de 2012 en el que reclama a su gabinete por el Estado Comunal y las Comunas. Mientras para Chávez la consigna era “Comuna o nada”, para Maduro, Delcy, Jorge o Diosdado, fue lo opuesto desde 2014.
– ¿En qué consistía ese proyecto de Estado comunal?
– El Estado Comunal es un concepto de Estado elaborado por István Mészáros, ese filósofo húngaro, discípulo de (Georg) Lukács, uno de los grandes del marxismo del siglo XX. Mészáros usó ideas postuladas por Marx en su libro conocido como Grundisses (borradores). Fueron olvidadas o descuidadas por sus seguidores. A Chávez lo convenció y se entusiasmó años después de 2002. En 2012 encargó la elaboración de un proyecto político basado en esas ideas. Ni Maduro ni Delcy ni Diosdado ni Jorge participaron de esa tarea. Del Gabinete el más entusiasta fue Elías Jaua, su último vicepresidente, entre otros cuatro funcionarios. La idea de Estado Comunal llegó tarde a Chávez. Experimentó una decena de formas de construir poder popular, sin lograrlo. Igual que otras ideas, Chávez las integró tarde a su vida. Su mérito fue que, cuando se convenció, militó por ellas. Maduro y su grupo gobernante nunca militaron por la idea y proyecto de un Estado Comunal. Era inevitable entonces que siguieran otro camino.
– Chávez y Maduro viraron desde y hacia universos opuestos de pensamiento.
– Hugo Chávez, Maduro y su grupo tuvieron mutaciones inversas. Chávez evolucionó de derecha a izquierda. Con la misma inteligencia social y honestidad intelectual del primer Fidel Castro (1959 a 1962), no tuvo problemas en reconocer el cambio y pasar del nacionalismo al socialismo radical. Maduro y los otros cambiaron de izquierda a derecha. Al revés de Fidel, todos, menos Diosdado y Padrino, se formaron en partidos socialistas radicales y no tuvieron problema en defender lo más anti socialista que hay, que es representar los intereses de un imperio. El resultado es este desastre de alcance histórico que vive Venezuela.
– ¿Qué le cuentan los dirigentes políticos sociales y sindicales con los que usted viene conversando desde que Estados Unidos capturó a Maduro y a su compañera de vida?
– Esos dirigentes están agobiados por el ataque. Están reordenando todo en sus cabezas para comprender lo nuevo y avanzar. Sufren un reordenamiento total existencial de sus vidas políticas y de sus sistemas emocionales. Tratan de adaptarse. Reflexionan cada novedad cada día. Es abrumador para ellos que están en el terreno. Supongo y deseo que de ese revoltijo intelectual e ideológico saldrá algo nuevo y superior. Un amigo de Caracas, muy inteligente, usa el concepto de “distopia” para lo que se vive en Venezuela desde el 3 de enero. Yo creo que tiene razón.
– ¿Cuál es el peso político de Jorge Rodríguez antes y después de la detención de Maduro?
– Jorge es un gran diplomático, muy capaz para ese tipo de gestiones, pero apartado de cualquier proyecto o idea de cambio revolucionario, y menos de tipo socialista. Es la negación ideológica de su padre (Jorge Antonio Rodríguez), que fue un guerrillero convencido del ideal socialista. Lo asesinaron a golpes en una comisaría porque no “cantó” nada (estaba bajo custodia de la Dirección General Sectorial de los Servicios de Inteligencia y Prevención). Pero Jorge es el más capaz del equipo de gobierno, superior a Maduro. El manejó casi toda la negociación entre Grenell y Maduro, junto a un general retirado llamado Lacava (gobernador de Carabobo), que tiene relaciones muy importantes con Miami.
– El gobierno de Donald Trump acaba de nombrar a Laura Dogu, quien fue embajadora en Honduras y Nicaragua, como encargada de negocios de la Unidad de Asuntos para Venezuela, que tiene sede en Colombia. ¿Cuál es para usted la importancia de esta designación, teniendo en cuenta que, además, Dogu se desempeñó como subdirectora de la unidad del FBI encargada de la liberación de rehenes?
– La especialidad de la señora Dogu es controlar procesos de transición compleja. Fue su especialidad en Nicaragua y Honduras, donde actuó con mucha inteligencia y tacto a favor de su imperio. Lamento que Delcy la haya tratado en Mirafloes a finales de enero, como si fuera una amiga de Venezuela, y no la agente enemiga de un imperio.
– ¿Cuál es su evaluación sobre las últimas declaraciones de María Corina Machado luego de su reunión con el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio?
– María Corina quedó por ahora fuera del negocio. Si todo el tinglado de Delcy salta y echan del poder lo que queda de madurismo en Miraflores, María Corina podría gobernar Venezuela, pero lo hará como la gendarme de Rubio. Ese no es el rol de Delcy. Si María Corina gobernara sería para completar la derrota político-militar del 3 de enero. Y sólo podría gobernar sobre una montaña de cadáveres de chavistas y de la izquierda.
– Si ella fuera elegida presidenta, ¿se desataría un conflicto interno que llevaría a una confrontación en las calles entre el chavismo residual y la oposición?
– Sí, y eso se debe a que María Corina sólo cuenta con el respaldo de grupos muy violentos y armados. Debe tener algunos votos porque fue diputada alguna vez, pero no cuenta con apoyo popular masivo, como Maduro entre 2013 y 2014. Eso es otra cosa. María Corina está demonizada incluso entre la propia derecha antichavista. Varios dirigentes la han denunciado como una traidora a la patria por pedir desde Panamá y desde Tel Aviv una invasión militar contra su propio país. Hasta eso no llegan muchos que la acompañaron. Esa es una novedad de la derecha latinoamericana.
– El miércoles pasado, hubo un tenso cruce entre el senador republicano Rand Paul y Marco Rubio durante la sesión de la Comisión de Relaciones Exteriores en el Senado para tratar la situación en Venezuela. “Estamos violando tanto el espíritu como la ley de la Constitución al bombardear una capital, bloquear un país y destituir a funcionarios electos”, destacó Paul, y el secretario de Estado respondió: “No destituimos a un funcionario electo. Removimos a alguien que no fue electo y que además era un narcotraficante acusado formalmente por Estados Unidos”.
– Rubio dice una mentira y una verdad. Maduro nunca fue narco ni agente de los narcos, como lo fueron (Alvaro) Uribe, (Enrique) Peña Nieto o Juan Orlando Hernández, el excarcelado presidente de Honduras. Nunca. Pero es cierto que no contaba con la legitimidad presidencial de origen. Nunca se atrevió a probar en público que había ganado las elecciones de 2024. Metió preso al ex candidato que hizo un juicio para solicitar el derecho a revisar las máquinas de votación donde estaba la base de datos de las actas.
– ¿Cuáles son las claves para entender ese retroceso del apoyo popular y ese alejamiento de las bases chavistas del gobierno venezolano?
– Maduro estaba vaciado de apoyo popular desde varios años antes. Su caída o reemplazo era previsible. Primero, porque cambió todo el proyecto de Hugo Chávez. Segundo, porque metió presos a muchos dirigentes sindicales que le hacían huelga y a otros políticos socialdemócratas inofensivos militarmente. Yo no defiendo a los presos de María Corina Machado y el resto de la derecha armada, pero si a los críticos políticos de Maduro, el llamado “chavismo de izquierda”. Eran como ochocientos presos, incluso adolescentes de 17 años. Exilió del país a la abogada ultra chavista María Alejandra Díaz y al ex director de Aporrea, Gonzalo Gómez, entre otros. Mantuvo asedio policial sobre los medios alternativos de izquierda como Aporrea. Yo mismo estoy prohibido, aunque no tengo una causa judicial porque soy residente argentino. También ilegalizó al Partido Comunista de Venezuela y a una parte de Patria Para Todos, dos partidos pro chavistas. Y cometió un error adolescente, creyó que el aura consagratoria del comandante era para siempre.
– Y esas contradicciones tenían que estallar en algún momento.
– Es curioso, porque Maduro fue más víctima de la violencia enemiga que Hugo Chávez. Los actos violentos contra Maduro pasan de veinte. Chávez sufrió el golpe de 2002 y algunos más, como el intento desde la Finca Daktari en 2004, pero incomparable con lo que padeció Maduro. No hay duda. Y tiene el mérito de haber resistido, pero lo hizo sin rumbo, es decir, al servicio de una estrategia opuesta a la de Chávez. Nadie puede hacer dos cosas opuestas en el mismo acto. Maduro gobernaba para reconstituir el Estado petrolero rentista de tipo capitalista pro yanqui. Chávez hizo lo opuesto. Una vieja frase explica el destino triste de Maduro: el que le huye a la dialéctica, ésta lo coge por el cuello. Maduro quedó atrapado y perdió.
– ¿Qué otras similitudes y diferencias encuentran usted entre la forma de construir poder de Chávez y Nicolás Maduro?
– Hugo Chávez construyó poder social con los de abajo desde la Constituyente soberana de 1999 y evolucionó hacia un proyecto socializante llamado del Siglo XXI, incompleto, pero socializante. Con esta fórmula intentaba superar la condición de factoría rentista. Su defecto fue haber sido muy personalista, eso que Juan Carlos Monedero definió en 2009 como “hiperliderazgo”, desde el Centro Internacional Miranda, bajo la dirección del profesor Luis Bonilla, hoy exiliado en Panamá. Su proyecto socialista comunal se frustró con su muerte, pero también porque el sistema institucional de gobierno estuvo plagado de lúmpenes, corruptos y arribistas, sobre un gran vacío ideológico partidario desde el inicio. Chávez lo sabía, hizo intentos de corregirlo, pero fue derrotado en esa tarea. Yo lo sufrí cuando fundé el PSUV en Buenos Aires en 2007. Fue visto como una ofensa, un atrevimiento casi policial. Los funcionarios de Miraflores, entre ellos Delcy, que era una numeraria de tercera o cuarta línea en 2007, le negaron todo el apoyo al PSUV de Argentina. Se disolvió sólo al poco tiempo.
– ¿Y en las formas de construir poder usted cree que Maduro estaba más cercano a ese sistema plagado de lúmpenes y corruptos?
– Maduro no es ni era un lumpen, pero sus dos administraciones se apoyaron en una base social muy lumpenizada, cargada de funcionarios arribistas, escaladores. En parte heredada, pero la mayoría de las nuevas camadas incluso menos ideologizadas que las que acompañaron a Hugo Chávez. Acompañaron a Maduro para sobrevivir, cambiar de clase o enriquecerse. Maduro los necesitaba, se apoyó en esa capa social porque se vació de masa popular.
– ¿Cómo puede impactar en Venezuela la nueva Ley de Hidrocarburos aprobada por la Asamblea Nacional? A partir de esta legislación, se eliminarían las restricciones a la participación de empresas no estatales en las etapas de exploración, producción y comercialización de petróleo.
– Esa nueva Ley del petróleo y la que viene sobre Minería, y otras, son parte del rediseño semi colonial bajo control directo yanqui. Delcy y los otros son los diseñadores y gerentes de tránsito para Estados Unidos. Con esa ley, Venezuela vuelve a lo que fue antes de 1976, cuando el petróleo lo controlaban las compañías petroleras. Por ejemplo, viola todo lo que Delcy y Jorge aprobaron o aplaudieron con Hugo Chávez en 1999 y 2002. Si el petróleo es el salario de la nación venezolana, como dijo alguien, entonces la nación se quedó sin salario o se lo reducirán al mínimo. La nueva ley estipula que las regalías, que es lo que se cobra por extraerlo, las definen Estados Unidos y las compañías.
– Acompañada por su hermano Jorge Rodríguez y por Diosdado Cabello, Delcy Rodríguez definió la captura de Maduro como “un ataque externo armado militar de una potencia nuclear contra el pueblo venezolano”. “Venezuela ha madurado el impacto de una agresión por parte de los Estados Unidos y la ha transmutado en tranquilidad y en cuidar más que nunca la paz”, dijo la mandataria, a modo de balance de estos treinta días sin Maduro en la presidencia. Reconoció que había mantenido conversaciones telefónicas con el presidente Donald Trump y con el secretario de Estado Marco Rubio y que “el camino debe ser el respeto a la legalidad internacional”, y aseguró que “la política, en Venezuela, debe ser nacionalizada entre venezolanos y venezolanas”. También afirmó que “muy pocos venezolanos apoyaron la agresión militar”.
– En esa declaración, flanqueada por su hermano Jorge y por Diosdado Cabello, las tres figuras centrales del drama, ella hace doce definiciones sobre política externa e interna. Delcy Rodríguez miente al decir que muy pocos venezolanos apoyaron la agresión militar. ¿A quién le sirve esa falacia? Yo no celebro que el pueblo apoye una invasión yanqui, pero esa fue la realidad. Lamentablemente, a la mayoría le importó un carajo lo que ocurrió el 3 de enero, salvo por el riesgo de ser bombardeado en su casa. De resto, le dio lo mismo. Un sector no apoya, pero es mayor la cantidad de quienes apoyaron o miraron con simpatía el bombardeo. Hay centenares de informes, datos locales y personales de esa desgracia social. No es la primera vez que vemos esto. En la Panamá de 1999 vimos algo similar contra Noriega. La diferencia fue el impacto social de la agresión porque asesinaron a unos cinco mil vecinos del barrio central El Chorrillo en la capital. Esta vez calcularon ese efecto. En otro sentido y contexto, vimos algo similar en El Salvador que abrió las puertas a ese adefesio pro yanqui llamado Bukele. Durante la caída del Muro de Berlín y la implosión de la ex Unión Soviética se registraron escenas parecidas. Como dicen que dijo Mark Twain, aunque nunca se probó que lo dijo, “la historia no se repite, pero rima”. Esta vez, aunque no la haya dicho el escritor, en Venezuela rimó con derrota y tragedia nacional.
– ¿Hacia dónde cree que va Venezuela y la región a partir de la caída de Maduro y el asedio del gobierno de Donald Trump sobre Cuba?
– La primera señal de la derrota en Venezuela es que toda Latinoamérica quedó bajo amenaza. La “pistola en la cabeza” con la que gobiernan Delcy y su grupo, también apunta al resto del continente. La segunda señal es que la vanguardia militante deberá aprender a superar las ideologías acomodaticias llamadas “gobiernos progresistas”. No hay progreso estable al lado del imperio norteamericano. Su decadencia actual es fatal para el mundo en general, pero para nuestro continente muy en particular. Cuba es la nación más amenazada hoy porque es una memoria moral del continente y del mundo.
– ¿Qué salida le queda a Venezuela frente al asedio de Estados Unidos? ¿Puede pensarse en una renovación de la revolución bolivariana pensada por Chávez?
– La revolución bolivariana no existe desde 2012, 2013. Maduro y su grupo de poder le vaciaron sus contenidos progresivos, avanzados, útiles. Ahora, habrá que aprender de la derrota y reconstruir para y con la siguiente generación.
– ¿Cómo se puede reconstruir una nación que asiste a la captura de su presidente y es asediada militar y económicamente?
– Esa será la tarea de la próxima generación. De esta derrota no se sale sin un alto costo. Pero se sale. El pueblo trabajador argentino pudo salir de la doble derrota sangrienta del peronismo en 1955 y de la dictadura militar en 1976. Chile y otros países también salieron. Venezuela aprenderá a hacerlo, a condición de que la próxima generación de la izquierda sea superior a la generación de Maduro.
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