Incendios en Córdoba: El círculo del fuego

¿Qué aparece por debajo de las imágenes de los incendios en Córdoba que reproducen los principales medios de comunicación del país? Verdades. Expresadas en números, en fenómenos naturales, en denuncias de asambleas ambientales y contra el propio gobernador, las verdades se multiplican por debajo de la insostenible versión oficial que mágicamente pretende otorgar la responsabilidad de los incendios a un factor climático: la sequía. Sequía que, por lo demás, no es un fenómeno mágico sino producto de años de desmonte. Desmonte que, por lo demás, no es un fenómeno mágico sino producto del interés y la complicidad gubernamental. Debajo de la versión oficial, aparece un círculo vicioso de verdades.

Por Redacción /

Números

12 millones eran las hectáreas de bosque nativo que a comienzos del siglo XX había en el territorio de la provincia de Córdoba. A fines de 2019, de esos 12 millones quedaban solo 360 mil, es decir, el tres por ciento. Según las estimaciones del Servicio Nacional de Manejo del Fuego, 289.494 hectáreas fueron arrasadas por las llamas desde enero hasta el pasado ocho de octubre, aún sin sumar los datos de la última semana. Desde que el territorio afectado por el fuego es contabilizado oficialmente, el mayor incendio en Córdoba había sido registrado en el año 2009 con 226 mil hectáreas quemadas. Cuando finalice 2020 tal vez sabremos cuántas de las hectáreas incendiadas corresponden a bosques nativos y cuántas quedan vivas, si es que quedan.

Este jueves el Gobierno provincial informó que todos los focos que se mantenían activos fueron apagados por las lluvias que, luego de cinco meses de sequía, volvieron a caer en algunas zonas de la provincia. A lo largo del año, la sequía más profunda en 65 años se consolidó como el argumento principal – sino el único – que supo esbozar Schiaretti para justificar el descontrolado avance de los incendios en el Valle de Punilla, Sierras Chicas y, más tarde, en la zona de Alpa Corral, departamento de Río Cuarto. Como sabe cualquiera que no crea en fórmulas mágicas, las sequias no son un mero producto de la azarosa naturaleza.

Las sierras cordobesas arrasadas por el fuego. Foto: Gobierno de Córdoba

“De los tres ambientes que caracterizaban a Córdoba – Provincia Biogeográfica Chaqueña, Provincia Biogeográfica del Espinal, Provincia Biogeográfica de la Estepa Pampeana – ya han sido prácticamente exterminados el Espinal y la Estepa Pampeana – apenas quedan relictos, los sistemas masivos ya no existen”, señaló en una “carta abierta” publicada esta semana Raúl Montenegro, biólogo y profesor de la Universidad de Córdoba, además de presidente de la Fundación para la Defensa del Ambiente (FUNAM). Entre 2014 y 2019, según apunta el profesor, a los incendios se le sumó el desmonte previo de 37 mil hectáreas.

“Fábricas de agua”, así llaman en Córdoba a los bosques nativos que han sido deforestados sin control en las últimas décadas. Este año, además de los incendios, el círculo se cerr´ó en el Lago San Roque, que provee de agua a varias localidades del Valle de Punilla y a buena parte de la capital cordobesa, y sufrió una de las bajantes más importantes de su historia. Las autoridades llegaron a amenazar con aplicar cortes programados de suministro en Villa Carlos Paz. “Urge multiplicar el castigo social a fuerza de tinta, teclados, redes sociales, medios de comunicación sensibles, protestas que respeten los protocolos, presentaciones judiciales, pedidos de juicio político y cuanta herramienta lícita tengamos a mano”, sentenció en su carta Montenegro.  

Asambleas

Las imágenes, declaraciones y testimonios sobre los incendios que se observan en la mayor parte de los principales medios de comunicación reproducen la versión oficial del gobierno cordobés: el fuego es una catástrofe producida por otra catástrofe, la mayor sequía en 65 años, y se hace lo posible para combatirlo. Sin embargo, por debajo de esa versión, existe otra que está principalmente sustentada por los vecinos organizados en asambleas ambientales de las zonas afectadas por los incendios.

Debajo del relato oficial, las asambleas y las brigadas han tenido que realizar este año una difícil pero necesaria labor: contar la verdad

Como en toda lucha político – económica – el fuego es una lucha político – económica – hay un derecho y un revés. De un lado están los productores agropecuarios que renuevan las tierras con fuego, los que queman bosques para abrir las tierras a la producción, los responsables de la ampliación de la frontera de la soja, los empresarios que incendian para después montar countries, los gobernadores cómplices que viven en esos countries, y demás etcéteras. Del otro, para sorpresa de todos estos, hay personas que sufren los fuegos, y las personas que sufren los fuegos, para mayor sorpresa, sienten, piensan y viven una vida que creen que merece ser defendida. Así, en las últimas décadas, la complicidad con el fuego de los diversos gobiernos derivó en la organización de los vecinos en las llamadas asambleas ambientales.

En el Valle de Punilla, la zona más afectada por el fuego durante 2020, las asambleas se multiplican. Hay una en casi todos los pueblos, parajes o ciudades, y todas ellas, además, se nuclean en una Asamblea Regional. Eso sin contar a las brigadas vecinales que, ante la inacción del Estado, se organizan para apagar los incendios que nadie apaga. Debajo del relato oficial, las asambleas y las brigadas han tenido que realizar este año una difícil pero necesaria labor: contar la verdad.

La verdad

En orden cronológico, la verdad contada por los asambleístas se estructura más o menos así: hay quemas intencionales con intereses económicos ya mencionados; los gobiernos son cómplices; las quemas y los desmontes producen sequías que cada año son más profundas pero que, al suceder cada año, son previsibles; sin embargo, el Plan Provincial de Manejo del Fuego fue desfinanciado ininterrumpidamente en los últimos años, se quitaron los puestos de detección temprana de las llamas, se dejó de invertir en equipamiento para los bomberos que, además, son pocos, voluntarios y están preparados para zonas urbanas, eso sin mencionar la orden, no oficial pero escuchada en cada uno de los parajes de Punilla, que reciben los efectivos para dejar que el fuego avance y apagarlo solo cuando llega a las casas.

El fuego llegando a las casas de la localidad de Luyaba. Foto: Gobierno de Córdoba

También: en muchos casos los bomberos ni siquiera llegan, los vecinos llaman y no aparecen, por lo que ellos mismos salen a apagar el fuego – dos vecinos murieron este año -, luego reciben la reprimenda oficial del director de Defensa Civil Diego Concha, quien amenaza con enviar a las fuerzas de seguridad para echar a quienes intentan colaborar, pero no brinda los recursos necesarios para apagar el fuego; en algunos casos, incluso, como cuando las llamas llegaron a zonas habitadas de Tanti, la policía interrumpe el paso de los brigadistas organizados.

Por último: el Gobierno provincial desinforma, no reporta los focos que en verdad existen, y para colmo deja avanzar los incendios sin pedir ayuda a otras provincias ni a Nación, que tampoco aparece demasiado preocupada por colaborar. Recién cuando el fuego se presentó sin control a la vista de todos, llegando a zonas urbanas con videos viralizados en redes sociales, Schiaretti decidió declarar Alerta Roja para pedir ayuda a otras jurisdicciones.

Denuncia

Junto al abogado ambientalista Juan Smith, el propio Montenegro, en nombre de la FUNAM, presentó el pasado cinco de octubre una denuncia penal contra el gobernador de Córdoba por la demora en pedir auxilio para combatir los focos de incendio: “A raíz de esa demora en declarar la emergencia Roja, durante buena parte de los diez días en que solo actuó el Plan Provincial de Manejo del Fuego fue evidente que los incendios excedieron la heroica capacidad de trabajo de los Bomberos Voluntarios y la insuficiente disponibilidad de aviones hidrantes”, sostuvo Montenegro.

Es que recién el tres de octubre, cuando ya se estimaba que las llamas habían arrasado al menos 190 mil hectáreas, el gobernador decidió levantar el teléfono. “Claramente hubo una reticencia a solicitar ayuda, en una especie de delirio de autonomía y separación, como si los cordobeses no fuéramos parte de una Nación y pudiéramos necesitar, como era este el caso, el auxilio del resto del sistema del combate al fuego”, indicó Smith en este sentido y agregó que “Córdoba inició un camino desde hace décadas, acentuado o profundizado en estas últimas dos, en el que concentró nuestros bienes comunes en pocas manos para convertirlos en dinero y, a su vez ese producido, concentrarlo aún más en menos manos. La magnitud de estos incendios tiene su razón de ser en esa ideología”.

A %d blogueros les gusta esto: