“Bolsonaro: ¿La suerte está echada?” por Alejandro Acosta

En noviembre, en las elecciones brasileñas de medio término, el presidente fascista Jair Bolsonaro sufrió una dura derrota electoral. Alineado abiertamente con Donald Trump, la derrota republicana a manos de Joe Biden pareció terminar de sellar su suerte. Sin embargo, el mandatario brasileño logró hacer elegir sus candidatos a las presidencias de las cámaras de Diputados y del Senado, en este último caso con el apoyo de la “izquierda” oficial del PT y el PDT.

Por Alejandro Acosta desde Brasil para Estación Finlandia/

Después del serio revés electoral que sufrió en noviembre, y de la elección de Joe Biden y de Kamala Harris en los Estados Unidos, diversos analistas pronosticaron que la suerte del trumpista Jair Bolsonaro estaba echada, y que probablemente sería destituido a través de un juicio político. Ocurrió, sin embargo, exactamente lo contrario. El gobierno de Bolsonaro inyectó casi R$ 3 mil millones en el Congreso, y logró que fueran elegidos sus candidatos a presidente de la Cámara de Diputados y del Senado.

Es posible que esta maniobra fuera orquestada por el mismo imperialismo norteamericano. Bolsonaro, prácticamente desde el inicio de su gobierno, no ha sido más que la cara folclórica del gobierno de Donald Trump, controlado por los generales, las asociaciones de los grandes empresarios y la Embajada de los Estados Unidos. Ahora, el gobierno de Biden convirtió al trumpista Bolsonaro en un bidenista.

La agenda política seguirá siendo la de masacrar al pueblo brasileño, ahora contando con el control de las dos cámaras del Congreso Nacional, el Poder Ejecutivo, el Ministerio Público y el Tribunal Supremo Federal. Y seguir convirtiendo a Brasil en el ejemplo y el gendarme para toda la América Latina. Lo único que cambia es que los sectores más directamente bolsonaristas han sido controlados, y las masas fascistas en las calles también.

La agudización de la crisis capitalista mundial requiere que el imperialismo norteamericano controle con fuerza su patio trasero, América Latina. Es la actualización de la política inaugurada en 1964 cuando, con el golpe militar, Brasil se transformó en el principal impulsor de la política golpista del imperialismo en toda Sudamérica.

La “izquierda” brasileña oficial colgada de dossiers

Después de las elecciones en Estados Unidos, donde se aplicó la política de “todos contra Trump”, parecía que esa iba a ser la política que sería aplicada en Brasil. Para sorpresa de todos, el PT y el PDT se aliaron con Bolsonaro en Senadores, lo que permitió la elección del candidato bolsonarista como presidente de esa Cámara.

El PT y el PDT apoyaron la candidatura del bolsonarista Rodrigo Pacheco, el gran empresario del transporte de Minas Gerais, para la presidencia del Senado. No es extraño: desde las elecciones de 2018, la “izquierda” oficial brasileña ha abandonado cualquier cosa que se parezca a una lucha. Las protestas contra la masacre en Brasil han sido canceladas por completo.

Las únicas dos huelgas nacionales contra el gobierno de Bolsonaro fueron impulsadas por la Gazeta Revolucionária en Correos, enfrentando el sabotaje abierto de todos los sectores de la mafia sindical y de los partidos “de izquierda”. Es que el imperialismo norteamericano mantiene semi-chantajeados todas las principales direcciones sindicales, los movimientos sociales y partidos políticos a través de dossiers de la Oficina de Seguridad Institucional (GSI). Como lo “ventiló” el diputado federal del PSOL Glauber Braga “…quien organice una verdadera lucha irá preso”.

Esto, por supuesto, sin considerar que estas direcciones están tan podridas que les aterroriza organizar y estimular la aparición de sectores en lucha, como se evidenció en el caso de la huelga de Correos.

El “Frente Amplio” contra el pueblo brasileño

En las elecciones del 2018, la candidatura del PT, encabezada por uno de los elementos de la derecha, Fernando Haddad, abandonó cualquier atisbo de movilización del pueblo contra el fascista Bolsonaro. Orientó todo su discurso hacia el identitarismo, aunque de forma totalmente demagógica: comenzó abogando por el aborto para, al final de la campaña, acordar con los máximos dirigentes de la Iglesia Católica, y pronunciarse en contra.

En ese contexto es que también buscó alianzas con derechistas del estilo de Fernando Henrique Cardoso y varios otros. Nacía la política del “frente amplio”, todos por la “democracia”, repetida en las elecciones municipales del 2020, en la que los candidatos de la “izquierda” oficial no alzaron ni una sola bandera de izquierda. El más “izquierdista” de ellos, Guilherme Boulos del PSOL , incluso defendió el fortalecimiento de la policía.

El principal cacique del PSOL, Marcelo Freixo de Río de Janeiro, amenazó con dejar el partido si este rechazaba la donación de R$ 70 mil de Armínio Fraga (un ultra enemigo de Brasil, ex presidente del Banco Central durante los gobiernos de FHC) a uno de sus pupilos que era candidato a concejal. El PT y el PCdoB se aliaron con cientos de candidatos de extrema derecha, en un morboso fisiologismo. Este vale todo, de hecho, es un frente amplio contra el pueblo brasileño, en el que participan todos los partidos políticos del régimen, guiados por el imperialismo norteamericano.

La “izquierda” oficial brasileña no lucha más ni siquiera por reformas. Se pudrió por completo. Pero, a pesar del drama que implica la pudrición de todas las direcciones de las principales organizaciones de masas, los mecanismos de contención tienden a ser muy débiles. Por eso, la burguesía ha fortalecido como nunca antes los mecanismos abiertamente represivos. En el próximo período, tras la acelerada agudización de la crisis capitalista mundial, los trabajadores y los pueblos comenzarán inevitablemente a entrar en movimiento.

La tarea de los revolucionarios es organizar la lucha de los trabajadores y el pueblo brasileño contra la masacre.

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