Una mezcla de desazón, desesperación e incapacidad para entender las causas del problema recorre el universo del activismo y el público progresista como consecuencia de la victoria de Javier Milei. Pero: ¿servía llamar al voto crítico a Massa como táctica para derrotar en las urnas al candidato «libertario»?
Por Luis Brunetto/
La desesperación por la victoria electoral de Javier Milei, ungido como próximo presidente de la Argentina, ha llevado a la progresía post- kirchnerista a derribar límites insospechados. Así, una de las principales plumas del universo K, Sandra Russo, se ha atrevido por ejemplo a refutar aquel axioma peronista que consagraba la infalibilidad de los pueblos: “Los pueblos se equivocan”, tituló en Página 12 en ocasión de analizar la victoria del candidato «libertario». “Saludos a los neutrales”, cierra la nota Russo con lo que pretende ser un afilado dardo dirigido a los zurdos que votamos en blanco.
El ataque remanido, sin embargo, suena como mínimo ridículo, aun cuando en la nota también se pretenda ensayar una explicación de las causas de fondo del propio derrumbe, que es el que abrió realmente el camino al gobierno al experimento protofascista. Ridículo, en principio, porque para comprender la victoria de Milei tratando de ir más allá del nuevo axioma infalible con que Russo pretende reemplazar el infalible axioma anterior, conviene empezar por la más prosaica tarea de detallar la serie de hechos político- prácticos que documentan la responsabilidad del peronismo, cuando menos de facto, en la emergencia de La Libertad Avanza. Eso, antes de ir a las causas de fondo que, por supuesto, se combinan con esta lista plagada de roscas punteriles y corruptelas al servicio de la democracia capitalista del FMI en cuyo altar pretende sacrificar Russo al chivo expiatorio de la izquierda.
Hay que arrancar con el registro de la estrategia que el empresariado propietario de la marca Sergio Massa promovió para fortalecer las chances electorales del ministro de Economía. Los dueños de Sergio Massa, Daniel Vila y José Luis Manzano, fueron quienes promovieron durante dos años, desde 2021, en el prime time de la pantalla de A24, al libertario ex empleado de su socio minoritario, Eduardo Eurnekian, contratista estatal de Aeropuertos Argentina 2000, que pasó así del desconocimiento absoluto al estrellato a la velocidad de la luz.
Recientemente, el libertario ahora devenido nac&pop Carlos Maslatón, confirmó esta relación de larga data apadrinada por Vila- Manzano, y vox populi en el universo periodístico y mediático desde mucho tiempo atrás. Hugo Alconada Mon, periodista de investigación respetado por unos y otros, llamó directamente a Massa el “Dr. Frankestein” de Javier Milei en una columna para El País de Madrid. El propio Massa se refirió a esa relación en el debate presidencial chicaneando a Milei al recordarle las visitas a su despacho hacia 2020- 21: “No aprendiste nada de las lecciones de economía que te di”, le respondió el libertario.

Es que los vasos comunicantes entre los libertarios y el massismo son muy añejos. Ramiro Marra fue asesor legislativo durante años de Marco Lavagna, actual titular del INDEC, y algunas fuentes sostienen que en Bull Markets, la firma de la familia Marra, tendrían participación el propio Marco y su padre Roberto, siempre “probable ministro” de una siempre frustrada presidencia de Massa. Marra llegó a la legislatura porteña en 2019 de la mano de Consenso Federal, la alianza que apoyó la candidatura presidencial de Lavagna y que el Frente Renovador de Massa había integrado hasta pegar el salto para unirse a Alberto y Cristina en el Frente de Todos, a mediados de 2019. Es posible que a partir de ese conocimiento Vila y Manzano hayan elegido a Milei como conejillo de indias de su experimento político.
Lo cierto es que massistas y “ex massistas” abundan en las listas de Milei. Una investigación publicada en julio por La Nación, alineada todavía con la candidatura de Patricia Bullrich, revelaba que los candidatos libertarios a Intendente de Escobar, San Isidro, Malvinas Argentinas, Moreno, Merlo, Berazategui y Avellaneda eran todos muy cercanos a Massa. En Tigre, Juan Cervetto, candidato a primer concejal y ahora concejal electo por LLA, habría sido impuesto directamente por pedido expreso de Malena Galmarini (audio de Sebastián Pareja, armador de Milei: https://especialess3.lanacion.com.ar/interactivos/23/07/candidatos_milei_politica/primer_audio.mp3). En el interior bonaerense, Sabrina Sabat, diputada provincial electa por la quinta sección por La Libertad Avanza, fue Directora hasta junio en el ministerio de Transporte provincial a cargo del massista Jorge D’Onofrio. El propio Alejandro Carrancio, que encabezó la lista, ingresó al Consejo Deliberante marplatense en 2017 por el Frente Renovador…
Pero las relaciones de Milei con el peronismo no se circunscribieron solamente al massismo. El libertario fue también nada menos que Economista Jefe de la Fundación Acordar que preparaba el plan económico de Daniel Scioli, el candidato peronista vencido por Mauricio Macri en 2015, elección en la que el progresismo inauguró su anatema contra el «votoblanquismo» de la izquierda. De hecho Scioli invoca hoy aquel vínculo como mérito para aspirar a mantener su cargo de embajador en el Brasil en el gobierno de Milei.
A principios de este año, y cuando el armado electoral de Milei estaba aun en un tembladeral, Fabián Luayza, Director Provincial de Infraestructura Escolar del gobierno de Axel Kicillof, le proporcionó la estructura del partido Unión Celeste y Blanca. Recién semanas después, y sólo cuando trascendió a los medios, Luayza renunció a su cargo. Cuando estalló el “Marbellagate”, el dirigente de LLA de Lomas de Zamora Víctor Guzmán denunció que la lista local había sido comprada en su totalidad por Martín Insaurralde, razón por la cuál lo habían bajado a él. Es notorio que el libertario no usó ese escándalo, ni el de Julio «chocolate» Rigau, a quien se le encontraron numerosos recibos de cajero automático correspondientes a cuentas de punteros de la zona Norte del GBA, contra Massa ni durante la campaña ni en los debates presidenciales.
Sapos que crían cuervos…
En 2015, en lugar de llamar a votar a Martín Lousteau, partidario del acuerdo UCR- Frente Renovador, el kirchnerismo eligió votar en blanco en la segunda vuelta de las elecciones de Jefe de Gobierno de CABA, garantizando el triunfo del candidato macrista, Horacio Rodríguez Larreta. Si Larreta, delfín de Macri, hubiese sido derrotado en esas elecciones, el macrismo, luego de perder su distrito, no hubiera podido ganar a la UCR para su proyecto presidencial. Pero Cristina Fernández estaba empeñada en “polarizar con la derecha…” y, así, prestó a Macri sus primeros servicios electorales, y le abrió el camino a la presidencia.
Esta vez, el objetivo de Vila- Manzano, al que luego se fuera sumando como vimos y con entusiasmo todo el arco peronista, era el de crear, en las condiciones de la catástrofe del gobierno del Frente de Todos una opción a la derecha de Juntos por el Cambio que dividiera el voto opositor y mejorara las chances de Massa. Para Vila- Manzano, burgueses demócratas, el fracaso del experimento no reviste sin embargo mayor gravedad: recurrir al fascismo puede resultar necesario en el futuro. Para el movimiento popular, en cambio, resulta un peligro que puede devenir en mortal. ¿Por qué el experimento se fue de las manos? Porque el repudio popular al régimen fracasado de la democracia capitalista convirtió al cazador en cazado. Frankenstein se independizó por ahora del Dr., y alentado por su inédita popularidad jugó finalmente su propio juego.
Es el fracaso final del ciclo nacionalista burgués que inauguró el duhaldismo- kirchnerismo en 2003, expropiando a las masas los frutos de la rebelión de 2001, el que explica este descenlace. Mediante la cooptación de gran parte del movimiento piquetero y de derechos humanos, el postduhaldismo kirchnerista pudo reencauzar el proceso rebelde dentro de los márgenes de la democracia burguesa que había estallado. A 22 años, el fracaso total quedó sellado con la capitulación completa que representó la legitimación por parte de Cristina de la deuda contraída por Macri, del retorno del FMI y del consiguiente ajuste salvaje. CIFRA, instituto de investigación ligado a la CTA más cercana al gobierno y por ende a la propia Cristina, publicó recientemente un informe según el cuál durante el gobierno de Macri el capital expropió al trabajo U$S 30 mil millones, pero bajo el del Alberto: ¡U$S 70 mil millones! ¡Más del doble!
El primer eslabón político de esa debacle escalonada había sido la propia candidatura de Scioli en 2015, el siguiente la de Alberto, hombre de Clarín y de Magnetto, en 2019. Finalmente, la consagración de un hombre de la embajada norteamericana como Massa al que, desde 2013, el progresismo K había tildado públicamente de “traidor”, fue la expresión política final de ese fracaso. Con una pobreza de más del 40%, una indigencia del 10% y una inflación interanual del 140%, Massa no podía más que ser un candidato opositor a sí mismo.

Solamente en unas condiciones de esquizofrenia política masiva y sin precedentes esa táctica podía tener alguna posibilidad de éxito. Los progres que juzgan irracional e inexplicable el voto a Milei de ciertas franjas populares obvian este elemento irrefutable. En realidad, la derrota electoral de Milei (que no implicaba por otra parte la derrota definitiva del proyecto fascista, como parece creer la progresía en su desesperación) era absolutamente incompatible con la defensa de este gobierno y con el llamado a votar a su candidato, así se escondiera a Cristina y Alberto por los siglos de los siglos. Cualquiera que en lugar de cacarear desde el escritorio anatemas contra la izquierda haya hecho la experiencia práctica, sabe que era imposible que un trabajador decidido a votar a Milei por su odio a «la casta» pudiera ser convencido de votar a Massa.
Es que para el 40% de pobres y precarizados los “derechos” son una pura abstracción. Un turno en un hospital público se consigue con una demora de varios meses, las escuelas de Axel Kicillof se caen a pedazos, el problema de la vivienda se “resuelve” con topadoras y canas al estilo de la dictadura, en Rosario o en el Gran Buenos Aires el narco asociado a la burguesía local y al poder político punteril del peronismo representa un peligro diario. ¿Quién podía creer entonces con sensatez, y no prisionero de la desesperación, que el llamado a votar a Massa, un representante directo de ese estado de cosas, asociado razonablemente al régimen político de la democracia capitalista que no alimenta, ni cura, ni educa, sirviera para derrotar electoralmente a un Milei que se presentaba, aunque falsamente, como el representante de la ruptura con todo eso? Era como proponer la cicuta en lugar de la horca, o viceversa…
Quitarle votos a Milei exigía, como plantearon solamente algunos partidos de izquierda, como conditio sine qua non no llamar a votar a Massa, porque era el único modo de que los argumentos absolutamente razonables contra el candidato ultraderechista no se estrellaran contra la barrera comunicacional que un sector de las masas habían levantado contra cualquier argumento en favor del voto al también derechista y ajustador ministro de Economía. Mucho más ineficaz resultó, por supuesto, el llamado oportunista de ciertas fuerzas de izquierda a «votar criticamente a Massa», «votá a Massa contra Massa», inentendible en el contexto actual y reflejo de una desconexión completa con las opiniones y sentimientos de las franjas más marginadas y explotadas de las masas trabajadoras.
Solamente una gran campaña popular por el voto en blanco que abarcara al conjunto del movimiento popular, que trascendiera a los partidos de izquierda que lo plantearon y se desarrollara sobre la base de un amplio frente único de organizaciones populares, hubiera resultado eficaz a la hora de sacarle votos a Milei. Y una cifra importante de votos en blanco, como en 2001, cualquiera hubiese sido el ganador, hubiese reflejado acabadamente el repudio popular al régimen político que garantiza el sometimiento colonial al FMI, el pago de la deuda y el hambre popular, debilitando al filofascismo que hoy capitaliza ese descontento por una vía reaccionaria. Eso sólo ya hubiese sido más útil y progresivo que el estrepitoso fracaso de los que colaboraron objetivamente con el triunfo de Milei llamando a votar a Massa.
En suma, el tamaño del inventario de sapos criadores de cuervos degustados con ahínco por la progresía, tendría que dar lugar a algún tipo de reflexión o, cuando menos, a desalentar los ataques contra la izquierda de parte de un progresismo que debería dedicar su tiempo a a analizar las causas de fondo de su fracaso y de su decadencia política. En estos tiempos afines a la influencia de «las fuerzas del cielo», tal vez convenga serenarse y, en lugar de buscar bíblicos chivos expiatorios, atender a aquel otro precepto también bíblico pero en este caso razonable que aconseja tomar nota, antes que nada, de la viga que habita en el ojo propio.
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