“Monte Chingolo o la mayor batalla político militar de la lucha de clases en Argentina” por Daniel de Santis

Una característica decisiva de los años ’70 fue la del choque entre los dos proyectos tradicionales de país (el de la burguesía agraria y el proyecto industrialista que expresaba el peronismo) con un nuevo proyecto, revolucionario y socialista, que postulaba como sujeto dirigente a la clase obrera, emergido de las experiencias de lucha de la década del ’60, influido por el desarrollo del proceso revolucionario mundial y, sobre todo, impactado por la revolución cubana y Vietnam. La más acabada expresión de ese proyecto fue el PRT- ERP, que desarrolló una estrategia de poder que combinó el intento de establecer una zona liberada en el Noroeste campesino con la promoción de la insurrección obrera en las grandes ciudades. En esa estrategia, el asalto a cuarteles militares jugaba un papel fundamental a la hora de armar a las unidades guerrilleras rurales, y fue practicado con éxito en varias ocasiones por el ERP, que sufriría sin embargo una severa derrota militar en la batalla de Monte Chingolo, de la que hoy se cumplen 45 años.

Por Daniel de Santis*/

Tres proyectos de país

En los años ’70 tres proyectos de país estaban en disputa: a) El de la burguesía comercial porteña (Rivadavia) y los ganaderos de la Provincia de Buenos Aires (Rosas) que después de Caseros se unificaron bajo una política común como oligarquía porteña y que, luego de la batalla de Pavón, con Mitre a la cabeza consolidaron la Argentina agro exportadora, b) El del primer peronismo surgido de la oficialidad del Ejército, que necesitó apoyarse en la clase obrera, entre otras cosas, por la debilidad de la burguesía mercado internista, para realizar el proyecto histórico de esta clase social: concluir la “revolución democrático burguesa”, es decir, realizar la revolución industrial no abordada por la oligarquía, c) El de la clase obrera y el pueblo, con su objetivo de revolución antiimperialista y socialista, en el que la clase obrera industrial iba consolidando su liderazgo en una alianza entre los trabajadores asalariados, el campesinado pobre y la pequeña burguesía urbana, cuya expresión más clara y de mayor desarrollo político estuvo representado por el Partido Revolucionario de los Trabajadores y su líder Mario Roberto Santucho.

La situación política a fines de 1975

El movimiento obrero y revolucionario había logrado dos triunfos. El Cordobazo fue la base de masas de la radicalización obrera y popular y de la insurgencia armada que derrotaron y enviaron a los cuarteles a los militares de la Dictadura de Onganía-Lanusse y, posteriormente, la derrota del intento contrarrevolucionario de Perón y el peronismo burgués y burocrático, a manos del movimiento huelguístico y revolucionario cuyo punto culminante fueron las Jornadas de Junio y Julio de 1975, más conocidas como el Rodrigazo.

Para consolidar la ofensiva obrera y revolucionaria, intentar movilizar a los sectores intermedios, y preparase para enfrentar al golpe manteniendo la iniciativa política, era necesario unir la “lucha reivindicativa y la lucha democrática”[1], como base de masas de una amplia movilización obrera y popular, combinada con un nuevo nivel en la lucha armada revolucionaria, para avanzar hacia el armamento de amplios sectores de la militancia organizada, como paso previo del armamento de las masas obreras y populares.

En el mismo editorial Santucho continuaba analizando las posibilidades inmediatas de la lucha de clases: “Acuciados por las necesidades y sensibilizados ante los dolorosos problemas del país, decenas de miles de hombres y mujeres lucharán y despertarán, incorporándose muchos de ellos a las fuerzas activas de la revolución. Esa lucha (…) acelerará el ritmo del proceso revolucionario”. “El Partido Militar y el gobierno peronista (…) se encuentran en estos momentos en una situación de debilidad extrema (…) No comprender las inmensas posibilidades inmediatas que presenta la lucha por la democratización sería un grave error estratégico, porque (…) sentarán las bases del multitudinario Frente de Liberación Nacional que ha de constituir nuestro Ejército Político de masas (…) Pero cometeríamos un error opuesto si consideráramos que la democratización que hoy puede conquistarse seria duradera (…) y no comprendiéramos que el enemigo (…) inmediatamente tratará de implantar una nueva Dictadura”.

En este contexto, el PRT resolvió planificar la acción militar más audaz realizada por el ERP: el asalto al Batallón de Arsenales 601 de Monte Chingolo, Partido de Quilmes, distante 18 Km de la Casa Rosada. La decisión se ajustaba a la línea del PRT, a la situación política del país y era necesaria para enfrentar el Golpe militar en ciernes.

Situación operativa y objetivos

El Batallón estaba rodeado de villas y barrios populares. Como depósito de armamento era el principal del enemigo, pero contaba con una débil defensa: tenía “dos Compañías, una de Seguridad –o de combate– y otra de Servicios–o de apoyo- (…) a la hora que se produjo el ataque quedaban 95 hombre: 1 oficial, 9 suboficiales, 85 soldados. Nosotros contábamos con un compañero militante entre los soldados”[2].

El objetivo militar inmediato era: “sacar: 900 fusiles FAL con 60.000 tiros, 100 fusiles M-15 con 100.000 tiros, 6 cañones antiaéreos automáticos de 20 mm con 2.400 tiros, 15 cañones sin retroceso con 150 tiros, italasas con sus proyectiles, 150 subametralladoras, etc., totalizando aproximadamente unas 20 toneladas” y, desde el punto de vista operativo, “se consideraba posible cumplir ese objetivo aislando por varias horas el Cuartel mediante el corte de los 9 puentes carreteros del Riachuelo y las dos rutas La Plata-Capital Federal, únicos accesos para los refuerzos militares enemigos, y neutralizando las Comisarías principales con ataques de hostigamiento. Además se estableció un cordón defensivo en las calles principales de acceso, a una distancia aproximada de 2.000 metros del Arsenal”. Con este armamento se podía equipar un batallón en el Monte, completar el armamento de todas las unidades urbanas, y aún quedaría un arsenal de reserva. Hombres y mujeres dispuestos era lo que sobraba, lo que siempre faltaron fueron armas. Un hecho más que refuta la superficial calificación de “foquista” a la política del PRT.

De lograrse el objetivo militar, tendría una inmediata resonancia política, presentaría a la guerrilla del ERP como una opción de poder ante el pueblo, le permitiría consolidar la ofensiva y mantener a los militares a la defensiva. En tanto que el objetivo político inmediato era dificultar y retrasar los planes golpistas del Partido militar, porque una acción revolucionaria de tal envergadura, si resultaba exitosa, obligaría a los militares a una mayor preparación y alentaría la movilización de masas, hecho verificado en nuestra experiencia, lo que también dificultaba los planes enemigos.

Su preparación llevó varios meses. La información desde dentro del cuartel era proporcionada por un soldado conscripto y combatiente del ERP, complementada con observaciones exteriores y chequeo de los movimientos. Al frente de la operación estaba el Jefe del Estado Mayor del ERP, el Comandante Juan Eliseo Ledesma o, Comandante Pedro, y la unidad militar afectada era el Batallón José de San Martín, integrado por las tres Compañías de Buenos Aires: Héroes de Trelew, Juan de Olivera y Guillermo Pérez y el Pelotón Especial. Alrededor de este último, se habían completado los efectivos de una Compañía de asalto, integrada por 73 combatientes, cuyo mando ejercía el Capitán Abigail Attademo, o Capitán Miguel, cuya misión era tomar por asalto el Batallón enemigo. El resto de los oficiales y combatientes, se repartieron entre las contenciones mencionadas y los choferes de los camiones que se llevarían las armas, el equipo sanitario y otras necesidades de la logística. Esta unidad de combate de alrededor de 170 combatientes estaba al mando del Capitán Jorge Arreche o, Capitán Emilio, Jefe de la Compañía Juan de Olivera. Al ser secuestrado el día 18 fue reemplazado por el Capitán Hugo Irurzún o, Capitán Santiago, que había dejado la jefatura de la Compañía de Monte para restablecerse de una herida.

Guillermo Plis- Steremberg en su libro sobre los hechos la ha llamado correctamente Batalla, en lugar de Combate, porque con la palabra combate se designa un encuentro de armas limitado a un choque único en un lugar acotado, mientras que una batalla está compuesta por varios combates en los que, generalmente, uno de ellos es la dirección principal.

Los tres alertas previos a la Batalla

Cuando se estaba organizando la acción fue secuestrado, en los primeros días de diciembre, el Jefe de la misma Juan Eliseo Ledesma, reemplazado por el Capitán Benito Urteaga, y varios compañeros que militaban en el Estado Mayor. Por este motivo, del plan original se suspendió la parte que contemplaba la agitación política entre las masas, que incluía movilizaciones con cortes de calles y rutas, la toma de la antena de Canal 2 de televisión y la emisión de una proclama, tareas a cargo de la estructura política del Partido. Hubo testimonios inmediatos que Ledesma, pese a las terribles torturas, no dio información. Su presencia en la zona, si bien no era un dato explícito, era un indicio de que algo se estaba organizando.

El día 18 fueron detenidos, el Capitán Jorge Arreche y el Sargento José Oscar Pinto, mientras transportaban varias armas largas. Como se hizo necesaria una redistribución del armamento salió de la concentración, en la que se había informado el objetivo, el chofer de logística Jesús Ranier, un infiltrado en la base del ERP que pasó la información y será detectado luego de la acción. Mientras que el día 21, fecha en la que estaba previsto el asalto al Cuartel, fue dado el alerta en varios Regimientos del Gran Buenos Aires, incluido el Batallón de Arsenales 601. Estos era los tres datos objetivos que estaban en conocimiento de Santucho y Urteaga.

Desarrollo y desenlace

Como lógico desarrollo de la lucha de clases, el 23 de diciembre se produjo el mayor encuentro de armas entre la burguesía y el proletariado de toda la historia Argentina.

“A las 19.45 horas” el camión que transportaba al grueso de los combatientes de la Compañía de asalto, conducido por Jorge Moura y acompañado en la cabina por Osvaldo Bussetto, que venía por el Camino Gral. Belgrano dobló a la izquierda, topó el portón de entrada e ingresó en el Cuartel. Desde ese momento nuestros compañeros encontraron fuerte resistencia que castigaron duramente a la Compañía de asalto. “Pese a ello, los compañeros siguieron adelante y desalojaron al enemigo de la Guardia Central y de una de las Compañías; pero la intervención inmediata de refuerzos existentes dentro del cuartel, de helicópteros y aviones, y de más refuerzos que, según se supo posteriormente, estaban emboscados en la zona, imposibilitó el copamiento del resto del cuartel”. Los combatientes mantuvieron ocupado parte del mismo, que se extendía por 170 hectáreas, intentando abrirse paso hacia el depósito de armas.

Simultáneamente se construían barricadas en todos los puntos previstos y en ellos, al igual que dentro del Cuartel, se combatió con inigualable valentía, las acciones de heroísmo se repitieron en cada lugar donde hubo combates, escribiendo una página gloriosa del proletariado revolucionario que, seguramente, será bandera de lucha en el próximo auge revolucionario. Conmueve la templanza del Abigail Attademo que reorganizó sus fuerzas para tomar el resto del cuartel. En ese momento, cerca de las 21 hs, llegaron el Regimiento 3 de La Tablada y el Regimiento 1 de Infantería Patricios de Palermo. Attademo, con la serenidad de un vietnamita, ensayó una suerte de ataque para contener al enemigo y replegarse ordenadamente.

Otras fuerzas que intervinieron fueron, la Marina, la Aeronáutica, la Gendarmería, la Policía Federal y la Policía de la Provincia, totalizando unos 3.000 efectivos “sufriendo –según sus partes– 34 bajas (9 muertos, 25 heridos de gravedad); aunque nuestros compañeros afirman que fueron muchos más”.

Por nuestra parte perdimos 56 combatientes, 12 eran compañeras revolucionarias. Aproximadamente 38 fuera del Cuartel y 18 en las distintas contenciones. La mayoría fueron asesinados luego de finalizados los combates. También debemos incluir entre los caídos a los compañeros que fueron secuestrados los días previos. A tres hemos mencionado pero fueron algunos más, por lo que el número ronda los 65 héroes y heroínas socialistas.

La mayoría de los compañeros que se pudieron retirar fueron protegidos por la población de la zona, lo mismo que los que participaron de las contenciones. Mientras que los combatientes heridos que no pudieron salir del cuartel fueron rematados. Una compañera que logró esconderse en unos matorrales presenció cómo los fusilaban; en un momento fue vista por un soldado que no delató su presencia, y finalmente logró escapar. La represión se extendió más allá de los combatientes, asesinando casi medio centenar de humildes e indefensos habitantes de las villas cercanas al Batallón: “Pasco”, “IAPI” y “Viejobueno”.

Balance de la dirección

“En el proceso de preparación, entre los déficits y errores se destacó como el de mayor gravedad, la violación del principio del secreto. La falta de celo en este aspecto ofreció un flanco débil que el enemigo explotó con su trabajo de inteligencia, lo que le permitió esperar alerta y reforzado nuestro ataque”.

“En conocimiento de hechos que indicaban la posibilidad de que el enemigo hubiera descubierto nuestros planes, el mando de la operación resolvió erróneamente llevarla adelante, responsabilidad que, en parte, es extensible a la Comandancia del ERP; el primer indicio fue la desaparición días antes de dos compañeros que conocían la acción (Jefe y Responsable de Logística de la Cía. “Juan de Olivera”), hecho conocido por el mando de la operación y la Comandancia del ERP; y posteriormente se supo que hubo alerta en algunos cuarteles (incluido el Batallón 601) sobre un posible ataque nuestro. Ante esta novedad, el mando de la operación se basó en el informe del compañero soldado que salió del cuartel a las 14.00 horas del día del ataque, observando que las medidas excepcionales de los días anteriores habían sido levantadas, y en chequeos por la zona realizados esa misma tarde”.

“Analizando estos hechos con profunda preocupación y sentimiento autocrítico, el BP arribó a las siguientes conclusiones:

a.- Fue un gravísimo error haber lanzado la acción en conocimiento de indicios ciertos de que el enemigo podría estar alertado. Ese error –que nos costó tanto– y cuya responsabilidad recae principalmente en el mando de la operación con extensión a la Comandancia del ERP, reconoce fundamentalmente dos causas: 1.- subestimación del enemigo 2.- déficits en la técnica militar.

b.- La subestimación del enemigo es una exageración del espíritu combativo en algunos casos, y simple fanfarronería en otros, muy extendidos en nuestra Organización y extremadamente nociva, que conspira contra la eficacia de nuestro accionar. El BP considera de gran necesidad inmediata luchar contra este déficit y lograr el predominio absoluto de la seriedad, objetividad, puntillosidad en la apreciación del enemigo y en la preparación de acciones y tareas.

c.- En cuanto a la técnica militar, hemos llegado a un grado de desarrollo y a un estado de guerra que exige mayor calificación de la que tenemos. Más consciente que nunca de este déficit, el BP pondrá en juego todos sus recursos para solucionarlo y apela en este sentido a todo el Partido y el Ejército.”

“En cuanto a si fue correcto haber encarado (es decir votado su preparación) esta acción, el BP considera que sí, que expresa un enfoque ambicioso, audaz y determinado del accionar revolucionario que es patrimonio de nuestro Partido, y un factor característico y esencial en toda fuerza verdaderamente revolucionaria. Todos los procesos revolucionarios conocidos han atravesado este tipo de dificultades, y la persistencia, la voluntad de hierro para enfrentarlas y superarlas, ha sido elemento característico de las corrientes revolucionarias triunfantes”.

“Con estos elementos podemos arribar a un balance objetivo de las acciones del día 23 y señalar: Que políticamente fueron una nueva y más relevante demostración nacional e internacional de que nuestro pueblo se arma y combate valerosamente por su liberación nacional y social. Que el ERP se extiende nacionalmente y aumenta rápidamente sus posibilidades operativas. Que los combatientes del ERP son un elevado ejemplo de heroísmo y determinación revolucionaria. Que en el terreno militar fue una sensible derrota, con pérdidas de muchos combatientes y equipo”.

Nuestra opinión

Coincidiendo en sus líneas generales con el balance de la dirección, visto con mayor distancia, podemos agregar que: no fue un triunfo político porque uno de los elementos que contribuyó al posterior reflujo del movimiento de masas fue la derrota de Monte Chingolo. Si somos consecuentes con nuestra concepción, debemos decir que: si un triunfo revolucionario alentaba a las masas, una derrota las desmoralizaba, y esta fue una gran derrota. Cuando decimos que el resultado de la Batalla desalentó la lucha del movimiento de masas, cuando lo ponemos como uno de los elementos en el posterior reflujo estamos hablando de una derrota política, además de militar, pero de todas maneras no significó una derrota estratégica.

Fue correcto haber concebido la acción en una situación de natural pausa de las masas luego de Julio y, también hubiese sido correcta en una de activas movilizaciones. Inmediatamente responderemos a las críticas sobre sustitucionismo de las masas que nos hacen los reformistas, ahora decimos: sostenidos por las masas o empujando a las masas, pero siempre con las masas.

La falacia del reflujo

En el libro Monte Chingolo. La mayor batalla de la Guerrilla argentina Plis- Steremberg, siguiendo a Luis Mattini, dice: “factores políticos incidieron en la determinación de seguir adelante a toda costa, la vanguardia revolucionaria comenzaba a sufrir el aislamiento consecutivo al reflujo de la clase obrera”. El PRT y el ERP nunca estuvieron más ligados a la clase obrera que en esos meses, tenían una visión directa de la situación de masas por sus ramificaciones en esa clase. Los dirigentes del PRT no hacían los análisis de situación leyendo los diarios, sino basándose en los informes de la militancia de base.

Un cuadro estadístico en el libro Lucha de clases, guerra civil y genocidio en la Argentina, de Inés Izaguirre y colaboradores, muestra que luego de las Jornadas de Junio y Julio y hasta el 24 de marzo las movilizaciones y luchas obreras se mantuvieron en un nivel superior a la de los meses anteriores al pico alcanzado en las movilizaciones del Rodrigazo. Más precisamente: entre el 2 de julio de 1974, día posterior a la muerte de Perón, y el 4 de junio de 1975, antes del inicio de Las Jornadas… hubo, en esos 11 meses y dos días, 2.419 conflictos obreros; y entre el 12 de julio de 1975 y el 24 de marzo de 1976, en 8 meses y 12 días, 2.420 conflictos obreros. Datos que demuestran que si bien no se mantuvo el pico de junio y julio, la conflictividad obrera estuvo por encima de los primeros meses de ese mismo año. Es por esto que los dirigentes del PRT, con gran precisión, escribieron que “las movilizaciones no se incrementaron ni se mantuvieron”[3], pero no hablaron de retroceso como se teorizó erróneamente con posterioridad a la derrota revolucionaria.

También esos datos estadísticos, que abarcan todo el gobierno peronista, demuestran que entre lucha obrera y lucha armada hubo una correspondencia no sólo política sino cuantitativa. Hasta parece una ironía de la historia en contra de los espontaneísta los números totales debido a que los conflictos obreros (8400) y las acciones guerrilleras (8509) salieron prácticamente empatados. Esto se repitió ajustadamente en todos los subperíodos en que se dividió el estudio y, en cada uno de ellos, unos y otros se fueron incrementando en forma acompasada, salvo en las Jornadas de Junio y Julio en las que subieron los conflictos (481) y bajaron las acciones guerrilleras (298), lo cual indica que los guerrilleros estaban en las movilizaciones. Los datos objetivos vienen a demoler toda la fanfarria de los espontaneistas, de los teóricos del sustitucionismo y de la fuga hacia adelante. Por ello, basar todo en el reflujo, que no fue tal, es retroceder al espontaneismo.

Sigue Plis-Steremberg: “El reflujo posterior a las jornadas de junio y julio del 75, al mismo tiempo los éxitos anteriores del ERP como el de Villa María y San Lorenzo, llevaron a que su accionar militar se independizase de las necesidades políticas que debían encarnar sus formas de lucha”. Afirma pero no demuestra en qué sentido el accionar militar se independizó de las necesidades políticas y de sus formas de lucha. Por el contrario la derrota del Gobierno del peronismo burgués y burocrático en las Jornadas… y la proximidad del Golpe militar hacían posible y necesario consolidar el éxito y dentro de él armar a más de mil combatientes. La mayoría de las críticas a la lucha revolucionaria son así, pobres en el análisis y ninguna demostración. Los trabajos serios van en la dirección opuesta. En toda lucha política, la actividad militar, tanto de la guerrilla como las de tipo insurreccional, tienen independencia relativa del movimiento de masas desde el punto de vista operativo aunque no del político. Pero como la acción salió mal y después la revolución fue derrotada, parecería que esas pontificaciones son análisis correctos, que en realidad corresponden a una visión reformista, o de alguien que nunca compendió la lucha revolucionaria.

Continuamos citando Monte Chingolo. La mayor Batalla…: “el PRT-ERP había entrado en una peligrosa fuga hacia delante”. ¿Qué quiere decir fuga hacia delante? Al menos en este contexto ¡nada! es una frase que en una novela pega bien porque despierta la imaginación, pero acá estamos hablando de teoría revolucionaria. Sigamos leyendo: “Hacia una guerra de aparatos, donde olvidando las reglas que debían de orientarla, la guerrilla atacará al ejército en el lugar donde este es más fuerte”.

“Guerra de aparatos”, que olvida el exitoso trabajo de masas y la masiva y sistemática propaganda y agitación políticas, tiene el mismo valor que “fuga hacia delante”: ¡ninguno! En el libro de Inés Izaguirre se ubica esta expresión dentro de la teoría de los dos demonios. La parte final de la frase es la única que contiene un principio táctico correcto pero, hasta Monte Chingolo, la experiencia en Argentina parecía violarlo, contradiciendo a la experiencia guerrillera tradicional, que sosteine que al enemigo hay que atacarlo en movimiento. El único criterio posible de verdad, la práctica, demostró que apoyándose en la doble sorpresa, estratégica y táctica, el golpe de mano del ERP sobre los cuarteles del Ejército era posible: El ERP venía de ocupar exitosamente la fábrica militar de Villa María en 1974, y el batallón de Arsenales Fray Luis Beltrán en San Lorenzo, ambas acciones dirigidas por Juan Eliseo Ledesma, y en las que se había llevado abundante material militar, y ya había desarrollado acciones exitosas de ese tipo durante la dictadura de Agustín Lanusse. En todo caso, desde el punto de vista militar, lo que comenzó a mostrar Monte Chingolo, y antes Manchalá, fue que ya no sería fácil sorprender al enemigo en el sentido estratégico y más difícil en el táctico, por lo que en adelante tomaba mayor validez esta enseñanza de la experiencia internacional.

Más explicaciones superficiales

También se ha dicho que Monte Chingolo fue el Waterloo del ERP. Lo enuncian pero no lo demuestran. Fue una derrota de proporciones, pero no afectó la estructura político-militar, más allá de las caídas concretas de los compañeros, de las armas y la infraestructura, pero la estructura nacional del Partido y del ERP se mantuvo. La superficialidad del fin del ERP queda desmentida por el informe de Domingo Menna al CC de Moreno del 29 de marzo de 1976:

Militantes del Partido                                                  1654

Militantes de la JG (que no lo eran del Partido)         750

Combatientes que no eran militantes partidarios      350

Presos                                                                           623

Muertos                                                                         248

Desaparecidos                                                              109

Simpatizantes y colaboradores                                    2200

Total                                                                             5934

Otras opiniones

Pasado el período revolucionario surgieron opiniones por fuera de la lucha de clases, como la del ex dirigente partidario Luis Mattini, que ha afirmado que la acción se debía a que los dirigentes del PRT “a esta altura estaban perdiendo totalmente la conciencia, la iniciativa y entraban en la desesperación”. Desde el punto de vista político la lucha revolucionaria tenía la legitimidad de haber derrotado a la Dictadura, mientras que el Gobierno peronista, si bien había sido electo, desde Ezeiza había girado a la derecha y había instalado un Estado policial fascistoide. Respecto de la línea, no era más que un salto cualitativo dentro de la concepción estratégica trazada desde el IV Congreso del PRT. En lo estratégico, las acciones del ERP siempre habían sorprendido al enemigo, debido a que se adelantaban a lo que era lógico desde el punto de vista de la ciencia militar burguesa. Con respecto a si habíamos entrado en la desesperación, diremos que en ningún momento, ni antes ni después, los dirigentes, los cuadros medios, la base militante y combatiente, manifestaron dudas, temor o desesperación. Lo que primó fue la serenidad. Otra cuestión es si ante los serios indicios que teníamos de que la acción estuviese detectada, hacían aconsejable realizar o no realizar la acción. Son dos cosas distintas: La concepción estratégica y la etapa política, y la situación táctica concreta de la acción. Diferenciación necesaria para sacar conclusiones correctas.

Las causas fueron políticas

El 16 de febrero se realizó un lock out patronal que paralizó al país, pero el 5 de marzo el recién asumido Ministro de Economía Guillermo Mondelli anunció un nuevo ajuste conocido como Plan Mondelli, al que le respondió un estado de movilización similar al de Junio. Baste recordar que Mondelli pretendió congelar las paritarias después de dar un aumento del 11 %, y tuvo que dar marcha atrás ofreciendo un 20 y dejando en suspenso la cuestión de las paritarias. Es decir: La clase obrera no estaba desmovilizada sino por el contrario, dispuesta a defenderse de los ataques de la burguesía. Fue esa la razón puntual que llevó a decidir dar finalmente el golpe.[4]

En ese contexto, a partir del 25 de febrero la dirección del PRT comenzó a evaluar que, producido el Golpe militar las masas redoblarían el auge al identificar con claridad al enemigo. Ese análisis se expresó en el editorial de El Combatiente escrito por Santucho el 31 de marzo bajo el título “Argentinos a las armas”. Esta línea errónea recién fue corregida por el CE y publicada en el editorial del 9 de junio “Con fuerza hacia las masas” perdiendo tres meses valiosísimos. Aquí Santucho escribía: “cuando poco antes y después del 24 de marzo analizamos las perspectivas del golpe militar, cometimos un error de cálculo al no señalar que el peso de la represión afectaría en un primer momento a la lucha popular, dificultando la movilización de masas y el accionar guerrillero (…) al no prever taxativamente un período determinado de reflujo”.

“El error de apreciación táctica que cometimos nos debilitó en lo ideológico y en lo orgánico. En lo ideológico, en cuanto dificultó el enraizamiento de la concepción de guerra prolongada, y en lo orgánico, en cuanto no nos orientamos con máxima energía a simplificar el aparato y volcar más compañeros a los frentes de masas”.

“Las medidas de corrección comprenden entonces: 1.- Una campaña ideológica que ya se inició, dirigida a hacer carne en el Partido los aspectos concretos de la concepción de guerra prolongada; 2.- Una reducción general del aparato y reforzamiento paralelo de los frentes de masas”.

Poco más de un mes después cayeron Santucho, Urteaga y Menna lo que hizo que las medidas de corrección no se tomaran con la profundidad necesaria, y la mayoría de la dirección sustituta no comprendió la profundidad del error cometido por lo que no tomó las enérgicas medidas de repliegue necesarias, lo que llevó a que el “error de apreciación táctica” se fuera convirtiendo en estratégico. En el balance se deben considerar varios elementos, siendo el de mayor importancia estratégica que la clase obrera industrial y su vanguardia no lograron movilizar a los sectores intermedios, que aquí sólo tenemos espacio para mencionarlo. Estas son conclusiones basadas en la política, los que ven un Waterloo son los que tienen una visión militarista.

El balance verdadero será hecho en el próximo auge revolucionario

Pese a la persistente lucha de los trabajadores ocupados y desocupado ellas no logran poner en pie organizaciones militantes más allá de algunos destellos positivos.

Cuando el capitalismo imperialista ha entrado en una fase de descomposición ética y moral, en la base social se acumula odio hacia las clases explotadoras y sus partidos políticos, pero aún esos sentimientos no han madurado en fuerza política organizada. Será en esos socavones de pobreza y explotación que la militancia encontrará inspiración y respuestas para volver al ruedo de la lucha revolucionaria.

En estos momentos de búsqueda ponemos la mirada en El Cordobazo con su protagonismo obrero y popular, y la disciplina de la clase obrera; en Las Jornadas de Junio y julio de 1975 que nos enseñaron que las huelgas generales pueden salir desde las bases; en la nueva masividad que protagonizó La Rebelión del 19 y 20 de Diciembre de 2001; en los días posteriores al 14 y 18 de diciembre de 2017 vimos como los políticos y los capitalistas, a ambos lados de la grieta, se unen ante una posible rebelión; que ante hechos como la debacle capitalista iniciada en abril de 2018 la izquierda no debe mirar para el costado sino ponerse al frente de la lucha aunque esta sea tan dura como la protagonizada por las y los combatientes de Monte Chingolo. Porque sin esa determinación para vencer al enemigo no habrá revolución social. En cada situación en la que los explotados y oprimidos por el capitalismo y el imperialismo intenten tomar el cielo por asalto estará presente el ejemplo de valor revolucionario de los héroes y las heroínas de Monte Chingolo.

¡¡Gloria a los héroes y heroínas de Monte Chingolo!!


[1] Santucho, Mario Roberto: “Movilización democrática y reivindicativa”, Editorial de El Combatiente N°175, Miércoles 30 de julio de 1975.

[2] Este y los encomillados que siguen pertenecen al Boletín Interno del PRT Nº 98, del 27 de diciembre de 1975.

[3] “Por qué no se ha concretado la democratización”: BI N° 87, del 25 de septiembre de 1975.

[4] No conocemos bibliografía específica sobre las luchas contra el Plan Mondelli. En el Especial N° 13 de la Revista Sudestada, hay un artículo de Luis Brunetto sobre el tema, en el que se resalta el contexto de efervescencia obrera que rodeó a la lucha contra el Plan Mondelli y la provisoria revitalización de las Coordinadoras Interfabriles, y que coincide con nuestra experiencia militante personal. Brunetto, Luis, “Una señal siniestra”, en Tosco y el sindicalismo: https://revistasudestada.com.ar/coleccion/1/sudestada-de-coleccion/index.html

* Historiador y militante del PRT- ERP. Autor entre otros libros de La historia del PRT- ERP por sus protagonistas. Miembro de la Comisión Interna de Propulsora Siderúrgica de Ensenada, fue dirigente de la Coordinadora Interfabril de La Plata, Berisso y Ensenada, y tuvo un papel protagónico en las Jornadas de Junio y Julio del ’75, hablando a la multitud en la CGT. Participó como combatiente del ERP en la batalla de Monte Chingolo, en el retén de Puente 12, que tenía la misión de contener a los refuerzos que enviara el ejército desde el cuartel de La Tablada.

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