“De la caída de Santucho a la división del PRT” por Daniel de Santis

A fines de junio de 2020 comenzó en Rosario el juicio por la causa del asesinato y desaparición de 27 militantes del Partido Revolucionario de los Trabajadores en agosto de 1976. En los meses de septiembre y octubre cayeron cinco compañeros de la JG, la madre de uno de ellos que les hacía de cobertura, y el compañero Depetris responsable de la distribución del Periódico. En el mes de mayo siguiente fueron secuestrados otros 10 militantes del Partido y fusilados el 23 de junio en la esquina de las calles Las Verbenas y 9 de Julio. En este artículo Daniel De Santis cuenta acerca de su paso por la Regional Rosario del PRT y analiza el proceso que condujo a la división del Partido, luego de la caída de la dirección nacional el 19 de julio de 1976.

Por Daniel de Santis para Estación Finlandia /

MI EXPERIENCIA EN LA REGIONAL ROSARIO[1]

A principios de septiembre de 1976 el CE me envió a Rosario para reorganizar la Regional del Partido que había quedado muy reducida por la masiva caída de compañeros en agosto, incluida casi toda la dirección. Era muy evidente que estaba comprometida la continuidad del PRT en la Regional y en el país.

Para mí mismo, le llamaba la Regional de las mujeres ya que de las siete principales responsabilidades, cuatro correspondían a compañeras: las responsables de los dos principales Frentes de masas, Mónica Capelli Paula en las fábricas de tractores e Hilda Meike Kity en el Swift, la secretaria del Secretariado Regional Magdalena Nosiglia Nora y la responsable de la Contrainteligencia Irma Montenegro la Negra Celia, además de La Madre, que jugaba ese papel para todos nosotros.

Con ellas y los demás compañeros y compañeras, intentaba aplicar la línea táctica de repliegue ante el reflujo de las masas obreras. Algunos ejemplos pueden ser elocuentes de lo difícil que era cambiar de línea táctica, porque la inercia de siete años de ofensiva nos incitaba a seguir como antes. Particularmente bueno era el trabajo en la fábrica de tractores John Deere, al punto que tuvimos que espaciar la salida del boletín fabril para no mostrarle a la represión la fuerza que allí conservábamos.

Los compañeros del único equipo militar que quedaba en la Regional vivían en una pensión. En una de las piezas, detrás de una cortina, guardaban las armas. Suspendí las acciones y ordené que las tareas principales del equipo serían: resolver el problema de los documentos personales y, más urgente, alquilar una casa para vivir, lo que implicaba conseguir dinero. Unos días después, salió en el diario que habían asaltado a un coleccionista de armas. Cuando me reuní nuevamente con los compañeros del equipo militar, me mostraron la lujosa escopeta Beretta pajera que había engrosado el armamento del equipo. No estaba mal, fue una acción muy sencilla. Los felicité, pero a la vez les expliqué lo importante de la nueva táctica y de no dejarnos aniquilar por el enemigo.

Otro caso más elocuente y trágico ocurrió con el equipo de la Juventud Guevarista. Un grupo de compañeros de menos de 20 años que venían de pueblos de las cercanías de Rosario. Todos trabajaban en talleres. A partir de conocerlos pensé que, como eran nuevos y posiblemente nadie los conocía en el Partido, los iba a “atender” estrictamente tabicados para preservarlos. Como una reserva estratégica, apartada de lo que podía estar contaminado, en el sentido de que el resto estuviéramos, de alguna manera, detectados por el enemigo. Entonces, a partir de esta célula de cinco jóvenes guevaristas, poder empezar a reconstruir el Partido.

Los compañeros de la JG le pidieron armas a los del equipo militar y fueron a expropiar el dinero de un correo. Con este tipo de acciones, seis años antes, habían comenzado a foguearse y hacer finanzas los primeros equipos del ERP. La idea no era mala, al contrario, se adecuaba a los nuevos planes; pero ocurría que no estaba garantizada la seguridad de la célula porque en su casa estaba detenido un sospechoso de colaboración con el enemigo. Inmediatamente supimos que los cinco compañeros habían caído, además de la madre de uno que vivía con ellos y les hacía de cobertura. Al primer compañero lo mataron en la puerta del correo y al último cuando estaba llegando a la casa operativa. Por los datos obtenidos, llegamos a la conclusión de que alguien los había entregado. Cómo no estar orgulloso de compañeros como ellos y los del equipo militar.

En aquellas circunstancias, aplicar el plan de repliegue requería de mucha firmeza y de mucha autoridad política, que no siempre lográbamos las nuevas direcciones en los distintos niveles.

A principios de enero, regresó Gorriarán y planteó nuevamente la línea para la situación de reflujo: desarmar los aparatos, mandar esos compañeros al movimiento de masas, pero con el objetivo de profundizarla. Se debía replegar de verdad a la organización: había que sacar de Argentina una cantidad de compañeros para preservarlos y para reflexionar sobre la situación. De la lista que Gorriarán había pensado, los que la encabezaban habían caído: Leandro Fote, Norberto Pujol, Eduardo Merbilháa y Carlos Germán. Saldrían el Buró Político provisorio y algunos compañeros de gran experiencia política, y dos listas, una de cuadros “políticos” y otra de cuadros “militares”, para hacer sendas escuelas, estudiar, enfriar la cabeza, reflexionar y recibir instrucción militar. Irma Montenegro quedó como Responsable Política, con la preocupación de sostener con eficacia las pocas fuerzas que quedaban. Porque pese a las tremendas pérdidas de compañeros, los restantes estaban concentrados en los principales frentes fabriles.

Primeros síntomas de las diferencias en la dirección

Alojado en una casa operativa esperando el pasaporte para salir del país, conversé con el compañero responsable de la Zona Oeste. Hizo un planteo como si la situación política fuera de plena ofensiva, como en el 75. Era una línea opuesta a la que se venía planteando desde Con fuerza hacia las masas, el 9 de junio del año anterior. Editorial en el que Santucho analizaba autocríticamente que con la línea “Argentinos a las armas” habíamos “cometido un error de apreciación táctica que nos debilitó en lo ideológico y en lo orgánico”. La posición del compañero demostraba que no se había asumido el error que nos debilitó en lo ideológico. Por la inmadurez de muchos compañeros y, como veremos, de parte de la dirección, el error que Santucho apreció como táctico, comenzaba a convertirse en estratégico.

EL CE DE ABRIL EN ROMA

En la primera quincena de abril de 1977, se realizó una extensa reunión del CE en Roma. Su principal conclusión política fue que el reflujo de masas no había comenzado después del golpe, sino luego de las jornadas de junio y julio, y después de agosto en Córdoba. Situación analizada con más precisión por la dirección partidaria y publicada en el BI Nº 87, del 25 de septiembre del 75, bajo el título: “Por qué no se ha concretado la democratización”. Doce días de discusión para tan poco.

Pero trascendente fue que, algunos análisis contenían el inicio de un cambio en la concepción del PRT. La derrota nos hizo retroceder hacia lo que habíamos llamado el espontaneísmo, el cual se expresaba con pensamientos como el siguiente: Si el reflujo comenzó en julio del 75, no se debió hacer Monte Chingolo y se debió suspender la actividad militar a la espera del nuevo auge “que nos redima de los males del retroceso”; un canto al morenismo.

También, consumamos el viraje hacia el sovietismo. Se aprobó el alineamiento con la URSS y su teoría de los dos campos –la contradicción fundamental campo socialista vs. campo capitalista–; las tres vertientes –los países socialistas, el movimiento obrero de los países capitalistas y los movimiento de liberación nacional– y la URSS como bastión fundamental. Por esto la JCR pasó a ser una simple Coordinadora. Todos fuimos partícipes, pero no necesariamente conscientes, al menos en ese momento, de estas resoluciones que se presentaron como el abandono definitivo del trotskismo y no eran más que una justificación teórica, ante el desconcierto, por la derrota que no se lograba asumir.

El CE eligió, ad referéndum del CC, a Luis Mattini como Secretario General. El argumento fue que siguiera porque estaba en funciones. Los sucesos posteriores demostraron lo erróneo de tanta superficialidad. Mientras que el BP quedó integrado por Mattini, Enrique Gorriarán, Julio Oropel, Leopoldo y el Vasco Daniel Martín.

Otro punto que posteriormente fue contrabandeado en el documento que “resumió” las resoluciones de Roma, y que sería asumido como bandera de firmeza ideológica por Mattini y sus seguidores, era sobre quién había caído la derrota, si sobre la vanguardia exclusivamente o también sobre el movimiento de masas. La primera posición es más “de izquierda”, pero en la práctica otro canto al espontaneísmo. Posteriormente, este argumento abrió las puertas para que concepciones reformistas se colaran en los movimientos revolucionarios. En cambio la posición “derrotista”, como la llamaron los matinistas, tenía en cuenta que la vanguardia era tal y, en consecuencia, esas masas acompañaron hasta el final y, si no pasaron a la ofensiva, como correctamente había previsto Santucho, fue porque se habían quedado sin vanguardia. Lo dicho reafirma el reflujo de masas, pero Mattini y los que lo siguieron no podían comprender que el reflujo no excluyó que las luchas obreras continuaran al menos durante un año, hasta que finalmente y junto con su vanguardia se consumara su derrota, a manos de la dictadura contrarrevolucionaria.

Como basamento de la rectificación ideológica, Mattini modificó una expresión de Santucho contenida en uno de sus últimos escritos, publicado entre el 23 de junio y el 7 de julio, que no se ha conservado. Robi, en ese editorial de El Combatiente escribió que habíamos “manejado sólo briznas de marxismo”, convertido ahora en “insuficiencia de marxismo-leninismo”. Santucho era muy cuidadoso con las palabras que usaba, lo que nos permite pensar que ambas expresiones contienen una diferencia apreciable. Un coletazo de este trabajo ideológico fue expuesto por Pablo Pozzi en el Prólogo a mi selecciónde Documentos del PRT-ERP publicado en 1998. Pozzi dice: “Santucho señaló que el principal problema del PRT era la insuficiencia de marxismo” para inmediatamente reflexionar que era muy difícil tantos años después interpretar qué quiso decir Santucho, pero que “una hipótesis probable es que el esfuerzo por innovar teóricamente dentro de una realidad compleja no había hecho aún síntesis”. Una frase ingeniosa y “culta” pero vacía de contenido. Nos parece más correcto pensar en el motivo de la autocrítica de Santucho contenida en Con fuerza hacia las masas, es decir, acercarnos a la práctica que lo llevó a expresar esa idea. Deberíamos considerar también que, si bien la escribe en primera persona del plural, no oculta que se está refiriendo a él en primer lugar. Pero si recordamos que era un gran lector y tenía una amplia formación marxista, queda claro que no se está refiriendo a haber leído unos libros más. En Con fuerza… nos habla de que no vimos el reflujo del movimiento de masas. La respuesta, entonces, no se va a encontrar escrita en ningún libro; por el contrario, la pericia para la maniobra política se obtiene de la experiencia y los datos necesarios de auscultar el estado de ánimo de las masas.

Santucho nos está hablando del alma viva del marxismo, es decir del análisis concreto de la situación concreta, que nos hubiese permitido maniobrar correctamente en el paso, luego de siete años de ofensiva, a la defensiva y no de un conocimiento enciclopédico del mismo.

No se trata de la importancia de la teoría y del estudio, sino de la vieja polémica epistemológica, sostenida entre el Buró del PRT y el Secretariado de la IV Internacional, acerca del momento culminante del conocimiento: para ese Secretariado era el análisis, para el PRT la práctica social.

CAIDA DE LA ESTRUCTURA NACIONAL

En la reunión del Ejecutivo los compañeros del Comité Interior habían informado que, al asumir, se encontraron un Partido paralizado y que éste, ahora, se encontraba “formado esperando la orden de combate”. Por parte de alguno de los asistentes hubo un intento de reacción, neutralizado por Leopoldo para no ventilar, en el plenario de la reunión, las diferencias en el Buró Político.

La posición “triunfalista” no era inocua, tuvo consecuencias inmediatas. Finalizada la reunión del CE, los compañeros del Comité Interior y dos miembros del BP se reunieron en Brasil con los cuadros a cargo de las Regionales y tareas nacionales, en la que informaron las Resoluciones. Los del Comité Interior regresaron a la Argentina, y a partir del 7 de mayo, se inició una serie de caídas que se prolongaron hasta junio y que alcanzaron toda la estructura nacional del Partido.

Desde Europa fueron enviados compañeros para hacer contactos con los sobrevivientes y replegar al exterior a los que estuvieran en una situación comprometida; es decir la casi totalidad de los compañeros que quedaban. La situación era en extremo grave y de gran confusión: hubo compañeros que no pudieron ser contactados y salieron por sus propios medios o se quedaron desvinculados del Partido, otros que tenían condiciones como para mantenerse en el país fueron sacados, y toda una serie de situaciones más graves o menos graves; pero, en aquellas circunstancias, la decisión de que los compañeros salieran al exterior fue correcta. En este contexto alguien dijo “al exterior todo el mundo” y gran parte de los compañeros salieron. Mattini, en Hombres y mujeres…, fiel a su posición izquierdista afirma que no se cumplió con el “muy elaborado plan de repliegue hacia el movimiento de masas”; lo que no es más que una expresión de autodefensa ya que ese plan, si existió, estuvo teñido del triunfalismo que estamos criticando.

La decisión del repliegue se tomó en junio de 1976, se lo profundizó verbalmente luego de la caída de Santucho, se le dio otra vuelta de tuerca cuando volvió Gorriarán en diciembre, se insistió confusa y contradictoriamente en el Ejecutivo de Abril de 1977, por lo que no terminaba de aplicarse y, finalmente, cayó la estructura nacional. Aquel compañero responsable de la Zona Oeste no estaba solo, era reflejo de una posición más extendida en la militancia y la dirección partidaria; tampoco Mattini, Leopoldo y Oropel, la troica izquierdista del BP, habían asumido que “el error de apreciación táctica nos debilitó en lo ideológico”. Santucho, en junio de 1976, vio mucho más lejos que todos los “científicos” análisis de la troica izquierdista y sus discípulos. Hace unos años nos informaron que el que dijo “al exterior…” fue el compañero Teniente Mario, responsable militar de Capital que, sobre el terreno, tomó una decisión valiente y acertada.

Un año y medio después, los integrantes de la troica escribirán en el BI 113 del BP: “Con las caídas de mayo de 1977 estas dos posiciones [la derrotista y la triunfalista] se enfrentarán claramente al sostener los mencionados compañeros [Ricardo y el Vasco] que era necesario levantar todo el Partido del país para su preservación atendiendo a la grave situación que se presentaba. Ello se sostenía en ausencia del Secretario General y contra la opinión de los compañeros Leopoldo y Jorge que planteaban establecer un plan de preservación, pero manteniendo el Partido organizado de acuerdo a las posibilidades objetivas que la situación aún permitía”[2]. La situación objetiva era que había caído la estructura nacional del Partido. Se había perdido el control de la organización y el enemigo estaba completamente a la ofensiva. Era necesario tomar decisiones radicales para la preservación del resto de los compañeros. Dicho crudamente: El enemigo nos había derrotado y nosotros habíamos quedado sin capacidad de aguantar como fuerza organizada. Algunos compañeros estarían en condiciones de seguridad como para no salir, pero no era la situación de la mayoría, y no salieron todos. Quedaron unos cincuenta compañeros organizados quienes cayeron a partir de marzo de 1978.

Ni ayer ni hoy hay que dejarse correr por las arengas izquierdistas de palabra pero no necesariamente más revolucionarias. El problema no fue salir, sino que al no concretar el retorno, el Partido se dividió en el exterior.

ERRORES DEL PASADO VS MUTACIÓN IDEOLÓGICA

Para facilitar la compresión de los problemas internos, el lector debe saber que el sector de la minoría le llamó al de la mayoría del CC, “derrotista”, lo que nos avala para designarlo en este trabajo como “triunfalista”. Y que, en toda organización leninista, el CC es un organismo superior al BP, al cual éste está subordinado.

El CC había quedado reducido a 11 miembros. En los temas que venimos exponiendo habría una mayoría de seis miembros: Enrique Gorriarán (Ricardo), Carlos Orzaocoa (el Vasco o Daniel Martín), Hugo Irurzún (Santiago), Daniel De Santis (Roberto), Carlos All (Alejandro) y el teniente Sergio; y la minoría estuvo integrada por: Luis Mattini, Julio Oropel (Jorge), Leopoldo, Rufino Almirón(Chispa) y Julio Santucho (Enrique).

En diciembre de 1977 y en abril del año siguiente, se realizaron dos reuniones del CC que no resolvieron nada. La falta de acuerdos en el BP –que no trascendían– nos tenía paralizados.

La minoría del CC, en el BI Nº 113 del BP, dejará asentada su visión de las diferencias: “en el seno del Buró Político de nuestro Partido se discutía, siendo justamente el tema central, si las masas habían sufrido una aplastante derrota desde el 24 de marzo; la posición ‘derrotista’ era sostenida por los compañeros Ricardo y Daniel[3]. El mismo Boletín afirmaba que el Documento del CE de abril “expresó la línea proletaria en el seno del Partido”. Y confirmaban su trabajo de liquidación ideológica al escribir que: “desde hace dos años nuestro Partido está empeñado en superar los errores del pasado y seguir avanzando en la asimilación del marxismo-leninismo”[4], lo que es un reconocimiento de que estaban empeñados en esa tarea desde antes del CE de abril. Bajo la ambigua expresión de “errores del pasado” puede entrar cualquier cosa y constituirse, como se convirtió, en instrumento de diversionismo ideológico. La actitud revolucionaria es indicar los errores y sus causas para, inmediatamente, fijar las ideas y acciones a realizar para superarlos, como hizo Santucho en el editorial Con fuerza hacia las masas. Pero si unimos la frase recién analizada con la que continúa el Boletín: “Por esta razón la lucha de clases interna se ha vuelto a agudizar”[5], queda claro el reconocimiento de que la lucha de clases en el Partido se había vuelto a desatar entre los que defendíamos los “errores del pasado”, es decir la línea histórica del PRT, y los que sostenían que desde el Ejecutivo de Abril estábamos dando un “salto en calidad [y que] habían presionado para que el Partido se hiciera una correcta autocrítica de los errores del pasado”[6].

Otra diferencia, sorprendente, era si había que mantener encendida la resistencia guerrillera o no, para enfrentar a la Dictadura. Diferencia que los matinistas nunca van a plantear explícitamente.

¡EL SALTO EN CALIDAD!

Desde el Documento del CE de abril hablaban del “partido de calidad” y que el “Partido había dado un salto en calidad”.

En el VI Congreso, liberados de la presión del sector leninista, darán rienda suelta a esta perspectiva considerando que habían superado “ampliamente a la autocrítica” del CE de junio de 1976. Leamos cómo valoraban, Mattini y los suyos, esas conclusiones de Santucho y del CE con la mayoría de sus cuadros vivos: “La valoración de nuestros errores, por parte del CE, ha quedado ampliamente superada por la autocrítica actual. No fue error de apreciación táctica, sino errores de carácter estratégico de origen ideológico[7]”.

En el mismo Congreso atacaran enmascaradamente la actividad militar citando en forma forzada la experiencia conocida internamente como desviación militarista: “Es importante tener en cuenta que el insuficiente dominio del marxismo-leninismo, la corta experiencia y juventud del Partido, favorecía la convivencia dentro de la organización de las corrientes no leninistas, las cuales, según la agudeza de la lucha, la presión del enemigo, cobraban mayor o menor influencia. Tal es el caso más conocido y claro de la desviación militarista de los años 71-72, que condicionaron seriamente nuestras posibilidades de participación en la apertura democrática”.

Buscando antecedentes en los “errores del pasado”, encontraron la desviación militarista de ago-71 a nov-72, que había sido analizada por el Partido en junio de 1973. Lo que no decían era que ésta se dio en un momento en el que la mayor parte de la dirección partidaria estaba presa: Santucho, Gorriarán, Menna, Bonet, Foti y Pujals desaparecido, porque Mattini y sus seguidores intentaban presentar a Gorriarán y a los restos de la vieja Tendencia leninista como portadores del militarismo. Por ello ocultaban que esta desviación no fue de la línea, ni de la dirección del Partido, por el contrario, fue en contra de ambas.

Bajo la bandera de la insuficiencia de marxismo y el combate a los errores del pasado consumaron el viraje hacia el abandono de la lucha armada, la construcción de un partido estalinista tipo europeo y un Congreso público en Europa, de lo cual tuvieron que autocriticarse. Mientras que los integrantes de la Tendencia leninista se reagruparon en Nicaragua. Los combatientes del ERP, luego de la operación Somoza, a principios de 1981 se retiraron de otras actividades para realizar un intensivo curso de guerrilla rural. Meses después, dos compañeros se instalaron cerca del Ingenio Ledesma para hacer de base de apoyo a una columna de combatientes que ingresó desde Bolivia a la Provincia de Salta, y otros militantes se instalaron en algunas ciudades sin vincularse con viejos compañeros. Al producirse la derrota de Malvinas y cambiar la situación política, esta columna fue levantada.


[1] Este apartado está escrito en primera persona del singular, cuando habitualmente lo hacemos en plural. Ello se debe, en apego a la verdad, a la búsqueda de elocuencia para trasmitir la dificultad de pasar de la ofensiva a la defensiva.

[2] BI Nº 113, del BP. 16/1/79. “Diferencias políticas en el seno de la Dirección”. A partir de este número y fecha comenzaron a salir dos BI, uno por cada sector en el que se dividió el Partido.

[3] Ibidem.

[4] Ibidem. “La lucha de clases en el seno del Partido”.

[5] Ibidem.

[6] BI Nº 103. Luís Mattini. Sobre el Partido de calidad, pág.1. Y BI Nº 113, del BP. La lucha de clases en el seno del Partido.

[7] El destacado es del original. VI Congreso, mayo 1979.

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