«A Bagdad escala Estambul», por Ismael Jalil

Junto a la dirigente del Partido Obrero Vanina Biasi, perseguida por el aparato judicial argentino al servicio del sionismo, el reconocido abogado de derechos humanos Ismael Jalil integra la delegación argentina que asiste a la IV Conferencia Internacional de la Campaña Global por el Retorno a Palestina, que se desarrollará del 1° al 4 de agosto en la ciudad irakí de Karbala. Aquí, su primera crónica desde Estambul, escrita en la espera del vuelo a Bagdad.

Por Ismael Jalil/

Nunca estuve en el aeropuerto de Estambul. Impresiona realmente. Es una colosal demostración de lo que es esa cultura totalizante denominado sistema capitalista. Tremendos negocios de las marcas más famosas del mundo, dispuestos como salas de espectáculos, compitiendo en iluminación y diseño ostentoso. Desbordantes de artículos que parecen ser indispensables para vivir: joyas, carteras, zapatillas, por citar algunas y a valores que ustedes imaginarán.

Una simple remera cuello redondo pero con el logo que te convierte en señor importante, seguramente confeccionada por gente de «menor valor» y fabricada con hilos provenientes de países «periféricos», cuesta en euros aproximadamente el 25% de un sueldo de gerente. ¿Cuántas querés?

Lo cierto es que los negocios están completamente vacíos. Ni una sola persona siquiera preguntando nada. (Aunque yo, al servicio de esta miscelánea, si entré). Lo cierto es que la gente está afuera.

Recién ahora me doy cuenta de lo taxativo del sentido de esa reflexión que brotó de modo inconsciente buscando sólo ser literal. Porque imagino que alguien ingresará y comprará. Porque hay un porcentaje ínfimo pero existente aún que va allí, como nosotros, al Chino de la vuelta.

Pero hay millones (créanme que en el Aeropuerto de Estambul hay millones de personas) que quedan afuera. Afuera es afuera. Ya ni siquiera en la vidriera porque además les robaron el tiempo. Entonces me imagino a un par de sujetos rubicundos con expresión «nada me importa de nadie» o sus mandaderos, otros poquitos aceitunos con atuendos orientales, algún que otro lobo yanqui o eurodiputado y hasta un inefable rico del tercer mundo que se niega a hablar en castellano y a lo mejor preside una comisión en la FIFA.

Pero lo que es afuera es esa masa de afros en ojotas que lava pisos, pardos latinoamericanos que la van de mozos, mujeres con hiyab y hasta burka, dignísimas y febriles en defensa de su hábito, europeos pobres dedicados a la seguridad y algunas y algunos como yo, que vamos rumbo a un destino raro para levantar la voz por Palestina y el dedo contra el ente ocupante Israel, genocida cuyo sostén ideológico se basa en los dueños de la mayoría de esos obscenos negocios.

En la manga del avión nos juntamos argelinos, paquistaníes, brasileros, cubanos, venezolanos, españoles y hasta gringos con gesto amable. Nos decimos Salam (paz cuando nos saludamos) y la argelina con su atuendo musulmán se emociona cuando le digo que venimos de Argentina, se lleva la mano al corazón como ejemplar musulmana, el egipcio nos abraza y el resto sonríe.

Todos vamos a hacer lo mismo. Vamos a decir que ya nada será igual en el mundo después de lo que hizo y hacen el shaitán y su maldito e inmundo hijo (el Islam previó que el diablo yanqui tendría descendientes sionistas). Que la historia es paciente y así como durante años los ignorantes y los caídos del catre, los insípidos e incautos creyeron el cuento del sionismo, llegó la hora de la verdad.

Son nuestros mártires los que van a contar que fueron privados de cosas como la comida y el agua. Pero sobre todo, que el oscuro y mierdero sistema capitalista les privó de estar en la manga de un avión para juntarse a plantear un mundo mejor.

Un mundo que no será para todos. Un mundo elitista: tan solo para ese 99% que no entra a los locales del aeropuerto, y que dejará en pelotas y corriendo desesperados por los pasillos a esos otros que hoy financian con sus obscenidades las matanzas de pibes, mujeres, viejos y hombres dignos de todas partes y que en Palestina tienen a su fé y a su cultura milenaria como respaldo para proyectarse hacia la eternidad.

Terminó aquí mi primer reporte. El avión rumbo a Bagdad está al partir. Son unas horas que aprovechar para soñar, ya que no es digno dormirse.