La decisión israelí de ocupar Gaza es absurda y casi imposible desde una perspectiva militar. Una operación propagandística para preparar nuevos ataques al Líbano o a Irán puede en cambio resultar mucho más probable.
Por Robert Inlakesh para The Palestine Chronicle/
El lunes comenzaron a aparecer en los medios israelíes informer que afirmaban que Benjamin Netanyahu había tomado la decisión de ocupar Gaza y anexar partes del territorio. Sin embargo, este repentino cambio no cayó bien a muchos, incluyendo a algunos analistas de radiodifusión israelíes, que quedaron visiblemente desconcertados.
Al día siguiente, comenzaron a aparecer informes sobre un plan del presidente estadounidense, Donald Trump, para «hacerse cargo» de la distribución de ayuda en la Franja de Gaza. Si bien no existe una estrategia clara sobre cómo se haría posible, ni existen propuestas detalladas para el tipo de reconstrucción que se está planteando a cambio del desarme de Hamás.
Aquí se dan todas las señales importantes de una campaña de engaño mediático, que coinciden con lo que hemos visto anteriormente en rondas recientes de escaladas a nivel regional, incluso antes del sorpresivo ataque israelí a Irán.
En vista de los recientes acontecimientos, se plantean dos preguntas. La primera se refiere a los informes recientes y la segunda a si son siquiera posibles o probables estos planes.
La primera pregunta gira en torno a por qué el gobierno israelí parece estar optando por esta opción. De repente, este lunes, los canales 12 y 14 de Israel publicaron informes que citaban a un funcionario anónimo de la oficina del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. Luego surgieron denuncias sobre desacuerdos entre el jefe del Estado Mayor militar israelí, Eyal Zamir, y el gobierno.
Cuando se convocó una mini reunión de gabinete para abordar el asunto, los extremistas que abogan por la ocupación, como el ministro de seguridad Itamar Ben Gvir y el ministro de finanzas Bezalel Smotrich, no fueron invitados. Canal 12 emitió un segmento en directo al conocerse la noticia sobre la ocupación de Gaza, durante el cual quedó claro que uno de sus analistas estaba perplejo y no entendía cómo interpretar la noticia.
Ese mismo día, el Canal 14 de Israel también publicó un informe que afirmaba que Israel había decidido llevar a cabo asesinatos de altos funcionarios de Hamás en el extranjero. Esto resultó particularmente extraño, ya que los asesinatos dependen del factor sorpresa, y ningún ataque previo de esta naturaleza se había anunciado de esta manera.
Yediot Ahronot también publicó un informe que citaba fuentes anónimas que afirmaban que la administración Trump había dado luz verde al plan de ocupación de Gaza por parte de Israel.
Sin embargo, un día después, los informes sobre el papel de EEUU en Gaza habían cambiado por completo y parecían estar orientados a imponer un acuerdo de rendición a Hamás. En esencia, la propuesta estadounidense, supuestamente filtrada el martes, como señalaron los medios israelíes, es más bien un intento de presionar a la población civil de Gaza para que se vuelva contra Hamás.
Debemos tener presente que los medios israelíes, en colaboración con medios corporativos occidentales, también realizaron una operación psicológica a principios de este año. En aquel momento, todos publicaron artículos, citando incluso a altos funcionarios anónimos, sobre una disputa completamente falsa entre el presidente estadounidense y Netanyahu. El Jerusalem Post incluso informó, antes de la visita de Trump a Arabia Saudita, que este reconocería un Estado palestino.
Benjamin Netanyahu había declarado públicamente que no tenía intención de ocupar Gaza, pero en las últimas semanas ha insinuado la idea de anexar partes del territorio costero asediado. Inicialmente, esto pareció surgir como reacción a las crecientes críticas dentro de su coalición por permitir la entrada solamente de pequeñas cantidades de ayuda a Gaza, en medio de la creciente presión internacional.
En caso de que Israel declarara que anexiona parte de Gaza, esto no sería más que una maniobra simbólica para complacer a los intransigentes de su coalición, quienes buscan apoderarse de territorio y construir asentamientos allí. En realidad, las zonas que Israel podría declarar formalmente anexionadas son zonas abiertas o lugares donde solo quedan edificios destruidos.
La posibilidad de construcción de asentamientos en Gaza es prácticamente nula. Incluso si algunos grupos de colonos extremistas deciden intentar construir asentamientos allí, en realidad vivirán en una zona de guerra activa y, con toda probabilidad, serán objeto de ataques.
Pero la decisión de ocupar Gaza es algo completamente diferente, lo que nos lleva a la segunda parte de la pregunta: ¿es esto siquiera posible?
Israel lleva 22 meses librando un ataque militar a gran escala contra la Franja de Gaza. Durante ese tiempo, ha optado por no atacar directamente a Hamás. En cambio, ha perpetrado un genocidio, ha destruido indiscriminadamente la infraestructura de los territorios e intentado impulsar una limpieza étnica.
Esto no quiere decir que no hayan atacado a combatientes de Hamas o que no hayan llevado a cabo operaciones especiales ocasionales destinadas a recuperar prisioneros de guerra o intentar entrar en túneles, pero sus esfuerzos bélicos no estuvieron orientados a combatir a Hamas o a cualquiera de los otros grupos palestinos en una lucha directa.
Como ya he explicado con más detalle en artículos anteriores aquí en Palestine Chronicle, la guerra es contra el pueblo de Gaza y no contra Hamás. Pruebas clave de ello son las imágenes de batalla sobre el terreno.
Si bien una docena de grupos de la resistencia palestina han publicado videos y comunicados diarios de emboscadas, el ejército israelí aún, con las pocas excepciones de operaciones limitadas de fuerzas especiales —que tampoco forman parte de una estrategia más amplia, sino misiones puntuales—, no ha producido imágenes de sus soldados participando en combates terrestres y de cuando ellos mismos sufren emboscadas. Sin embargo, incluso entre las imágenes de soldados israelíes atrapados en emboscadas, los videos son escasos y no los muestran a la ofensiva.
En otras palabras, la estrategia militar israelí tendría que cambiar por completo. Tendrían que perseguir a Hamás, e inevitablemente sufrirían muchas más bajas al hacerlo, lo que ejercería una enorme presión sobre la sociedad israelí, que no lo toleraría. También tendrían que entrar en zonas de Gaza donde antes no lo hicieron, y donde los grupos armados están en plena actividad y con mayor suministro de armas.
Israel también tendría que recurrir a cientos de miles de reservistas y soldados regulares del ejército, muchos de los cuales ya están fatigados y no desean seguir combatiendo. Esto supondría una carga para sus soldados apostados en los Altos del Golán sirios y las regiones fronterizas con el Líbano, dejando una brecha defensiva.
Además, no podrían reunir suficientes soldados para combatir cualquier levantamiento en Cisjordania, aunque esto parece menos probable que las amenazas que emanan del norte.
Si consideramos también cómo sería una ocupación, significaría soldados israelíes controlando puestos de control y gestionando a millones de refugiados desplazados que viven en campamentos de tiendas dispersos, rodeados de escombros, en unas de las circunstancias más extremas conocidas. En otras palabras, quedarían aterrorizados, completamente expuestos a ataques con artefactos explosivos improvisados (IED), lanzacohetes, francotiradores y otros tipos de ataques armados.
En mayo, el ejército israelí declaró abiertamente su intención de apoderarse del 75% del territorio de Gaza en dos meses con la «Operación Carros de Gedeón», lo cual logró fácilmente debido a que se trataba de un territorio deshabitado. Sin embargo, la misión fue un fracaso rotundo. Antes del lanzamiento de la ofensiva, los medios israelíes la promocionaron durante semanas como la devastadora «Fase 2» de la guerra de Gaza, que derrotaría a Hamás y devolvería a los cautivos.
Israel esperaba utilizar a sus aliados milicianos vinculados al ISIS, bajo el liderazgo del traidor palestino Yasser Abu Shabab, para controlar un campo de concentración en el oeste de Rafah, mientras obligaba a la población de Gaza a utilizar la privatizada Fundación Humanitaria de Gaza (FHG) para recibir ayuda.
Al final, el proyecto del campo de concentración fracasó, mientras que el FHG también resultó ser una catástrofe usada como trampa para que soldados israelíes sádicos y sedientos de sangre cometan a diario masacres contra civiles hambrientos.
Una y otra vez, escuchamos sobre el próximo gran «plan» de Israel en Gaza. Primero la afirmación de que Hamás sería derrotado tras destruir el Hospital Shifa en la ciudad de Gaza; invasión que contó con el apoyo de la complicidad de los medios corporativos occidentales y de la «inteligencia estadounidense», que intentó justificar la afirmación de que allí había un centro de mando y control.
Luego, cuando la campaña militar no tuvo impacto en Hamás y no se encontró ningún cuartel general, Khan Yunis fue el objetivo, concretamente el Hospital Nasser. Cuando el asalto israelí a Khan Yunis tampoco logró ninguna victoria, el siguiente objetivo fue Rafah. Este disparate sobre la «nueva operación para derrotar a Hamás» continuó hasta la nueva invasión del norte de Gaza y el llamado «Plan General», que nunca se terminó de implementar y también fracasó.
Israel fracasa constantemente en la implementación de sus planes, todos basados en mentiras. ¿Por qué? Porque su misión es el genocidio y la limpieza étnica, no un plan militar. Se trata de resolver la «cuestión de Gaza», de la misma manera que los nazis intentaron resolver la «cuestión judía».
Volviendo a la primera parte de la pregunta, el momento en que esto ocurre es clave para entender lo que está por suceder.
Estas repentinas noticias de los medios israelíes, que citan a funcionarios anónimos, buscan confundir a algunos e intimidar a otros, según su interpretación de la estrategia israelí. Como expliqué brevemente antes, ocupar Gaza es una tarea muy diferente a simplemente invadir una zona, matar gente e irse.
Si nos fijamos en el modelo de Cisjordania, el gobierno israelí es tan increíblemente paranoico que desde el 7 de octubre de 2023, casi todos los pueblos tienen ahora una puerta para encerrarlos, hay una cantidad excesiva de puestos de control instalados en todas partes, todo ha sido puesto bajo bloqueo.
Esto ocurre en un territorio donde la población ha sido en gran parte pacificada y representa poco riesgo en este momento, pero aun así Israel había desplegado allí más de 200.000 soldados durante el asalto a Gaza, más de los que fueron desplegados en la propia Gaza en un momento dado.
En otras palabras, ocupar Gaza significaría que la estrategia y la doctrina militar israelí cambiaran por completo y, además, decidiera dejar de lado todos sus otros frentes para centrarse en una misión sin objetivos.
A finales del mes pasado, ABC News publicó un artículo en el que entrevistaba a expertos militares israelíes que afirmaban que los combates en Gaza podrían durar hasta 10 años si Benjamin Netanyahu realmente busca derrotar a Hamás.
Según el coronel reservista Gabi Siboni, también experto del Centro de Estudios Instituto de Estrategia y Seguridad de Jerusalén, al ser preguntado si Israel tardaría una década en lograr la victoria en Gaza, dijo: «¿Cuál es la alternativa? Necesitamos limpiar Gaza. Es una tarea que llevará años».
Otros analistas militares israelíes han afirmado anteriormente que una ocupación total del territorio probablemente tomaría dos años más para ser implementada.
Teniendo todo esto en cuenta, ¿qué podría estar realmente detrás de los últimos anuncios? Podría indicar algunas posibilidades: un ataque inminente contra el Líbano o una nueva ronda de enfrentamientos con Irán.
Actualmente existe una iniciativa, con el apoyo total del gobierno libanés proestadounidense, para desarmar a Hezbolá. El grupo libanés es demasiado poderoso como para que el Ejército libanés pueda desarmarlo por sí solo, por lo que es muy probable que Israel se esté preparando para una nueva invasión del Líbano.
Parece que gran parte del arsenal y la base de operaciones de Hezbolá se concentran ahora al este, en la región del valle de la Bekaa, a la que Israel tiene acceso sobre el terreno tras la caída del Estado sirio. El gobierno proestadounidense de Damasco mantiene una comunicación frecuente con Tel Aviv en materia de seguridad y colabora con Israel para combatir al Eje de la Resistencia, liderado por Irán, en la región.
Si Israel arma un gran revuelo con la ocupación de Gaza, esto podría ser simplemente una excusa para movilizar sus fuerzas. También existe la posibilidad de que busque renovar sus ataques contra Irán, aunque combatir a Hezbolá, ahora que comienza a recuperarse de los golpes sufridos el año pasado, parece ser un asunto más urgente.
Para concluir, sin entrar en cada detalle minucioso, una decisión israelí de ocupar Gaza sería absurda desde una perspectiva militar, pero una operación psicológica que les dé más esperanzas de lanzar un ataque sorpresa sería una jugada estratégicamente más viable.
También existe la posibilidad de que toda esta campaña esté orientada a presionar a Hamás para que acepte algún tipo de acuerdo con EEUU, aunque no es probable que Hamás acepte esto y ceda ante tal presión.
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