“Ledesma o la tecnología de la muerte” por Gastón Remy

Argentina Visión 2020 es el encuentro anual en el que la burguesía agroindustrial elabora sus perspectivas. En el evento organizado por ADBlick Agro, Bioceres y el Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, entre el 19 y el 23 de agosto los ejecutivos del glifosato y la destrucción ambiental se reunieron para seguir planificando el país del que son dueños. Allí, directivos de Ledesma reafirmaron su “vocación inversora” a la hora de introducir la tecnología más moderna. Mientras tanto, en el monopolio de los Blaquier ya se acumulan, junto a las gigantescas ganancias, 16 muertes obreras, sin que el gobierno de Morales o el de Alberto Fernández digan esta boca es mía.

Por Gastón Remy* desde San Salvador de Jujuy/

En el marco del 8° encuentro de “Argentina Visión 2020/2040”, un evento que nuclea a los principales actores de los negocios agroindustriales del país, el CEO de Ledesma, Javier Goñi, explicó una serie de inversiones tecnológicas que preparan en el sector del campo donde se cultiva la caña de azúcar.

Sin reconocer el triste récord de ser la empresa con más obreros fallecidos por covid-19 del país, Ledesma con el objetivo de “volver a ser el orgullo de la agroindustria argentina”, se plantea una transformación tecnológica que involucraría cinco pilares: gestión de la información, sistema de riego, productividad del equipo mecánico, gestión por imágenes y plataformas GIS y, por último, plantaciones.

En el aspecto de la gestión de la información consideró la centralización de la información a través del sistema Tatus (implementado en Brasil). En el caso del personal que se encuentra en labores en el campo, cada obrero recibió un celular de parte de la empresa que posee una app, Agropryme, que permitiría controlar los tiempos de trabajo, la asistencia, la permanencia, el transporte o traslado y la seguridad del obrero rural.

Luego Goñi expuso una filmina, en la cual, se puede ver una suerte de “GPS humano” donde la empresa puede tener un seguimiento minuto a minuto del desempeño de cada trabajador.

En el sistema de riego aplicarían un control automático vía celular del manejo de las compuertas, una tarea que hoy recae en la fuerza de trabajo de los obreros. Por ejemplo, quienes finalizan la cosecha de citrus, luego se dirigen al sistema de riego como forma de mantener un ingreso.

En la productividad de los equipos que serían 400 unidades y representarían una inversión de 50 millones de dólares, se buscaría adoptar un sistema de monitoreo, el cual llevaría a hacer más eficiente su empleo y de esta manera disminuiría el uso de los equipos.

También Ledesma incorporaría una mayor cantidad de drones articulados con los actuales satélites que permiten hacer un seguimiento en tiempo real de los cultivos (humedad del suelo, crecimiento de la caña, plagas, etc.). En el caso de los drones facilitaría tareas como por ejemplo la aplicación de agroquímicos.

Respecto a los nuevos sistemas de plantación Goñi anunció el desarrollo de semillas artificiales que vienen desarrollando con la empresa NEF, puesto que permitiría “liberar”, al menos, 100 mil toneladas de caña de azúcar que todos los años se destina a renovar la superficie cultivada. También se encuentran experimentando en plantines (Muda Pre-Brotadas), que al igual que las semillas artificiales se están experimentando en Brasil, el principal productor de azúcar del mundo.

Proceso de producción, trabajo y competencia capitalista

Si observamos los anuncios de Goñi, los cambios tecnológicos que anuncia Ledesma, se orientan a mejorar los procesos de producción y de trabajo sobre la tierra.
Respecto al cultivo y cosecha de la caña de azúcar con la incorporación de tecnologías apelan a mejorar el rendimiento, ya sea con un mayor control del sistema de riego y/o mejoras en el control de los cultivos que ya realizan vía satelital y con drones. A la vez, que con el empleo de semillas artificiales Ledesma lograría liberar una parte de la caña de azúcar destinada a reemplazar anualmente la parte cultivada. Así esta caña se transformaría en materia prima de una mercancía final (azúcar, alcohol, etanol), por medio de la cual, la empresa transformaría en dinero el capital invertido en caña de azúcar, sin esperar el ciclo de crecimiento de la caña misma puesto que lo realizaría a través de las semillas artificiales.

En relación a los cambios operados sobre el proceso de trabajo adelantan un mayor control sobre los obreros a través de las tecnologías digitales, “pasar bajo el mando y la vigilancia”, definiría Karl Marx en relación a la subsunción del trabajador respecto de la tecnología controlada por el capital. El gps sobre cada obrero le da a Ledesma incluso la posibilidad de exigir mayor nivel de trabajo y rotación por áreas de acuerdo a las necesidades que surjan en tiempo real. Una suerte de polivalencia en tiempos de “big data”. A su vez, el rol de los supervisores humanos se vería reducido en número al estar centralizado por este tipo de tecnología. Pero también el control digital de los equipos impactará sobre la fuerza de trabajo empleada puesto que como adelanta Goñi el uso más eficiente podría reducir el número de equipos utilizados y por ende de obreros que los manejan.

Supervivencia

Para Goñi, la transformación tecnológica, “hoy no es una opción, es una cuestión de supervivencia”. De esta manera, el CEO de Ledesma adelanta el hecho que para el capital la tecnología es un medio para disminuir los tiempos de producción y de trabajo. De esta forma, las mejoras en la producción que permiten las nuevas tecnologías redundan en un abaratamiento de las mercancías buscando así ganar mayor cuota de mercado. Aunque Ledesma sea parte del selecto club de ingenios que concentran la mayor parte de la producción de azúcar del país (17%), la competencia entre ellos existe. A su vez, Ledesma corre con cierta ventaja dado que es propietario de todas las tierras que pone en producción a diferencia de la mayoría de los ingenios de Tucumán. Esto hace que en su doble rol de inversor y dueño de la tierra, al incorporar mejoras a las capacidades del suelo y en los instrumentos de trabajo, se quede también con la renta adicional que se derivan de estos cambios.

Por otro lado, como en toda producción capitalista sin la fuerza de trabajo, la misma no se podría llevar a cabo y el capitalista no podría obtener su ganancia. Aquí hay que considerar que el uso más eficiente de los equipos y la reducción de procedimientos del trabajo del obrero –haciendo un eso más intensivo de su fuerza de trabajo-, no se ve traducido en una reducción de la jornada laboral, puesto que la ganancia del capitalista, proviene de la diferencia entre el salario que percibe el obrero y el valor total que crea su trabajo durante la jornada laboral. Cuanto mayor sea esta diferencia, mayores serán las ganancias. Por el contrario, la incorporación de tecnología puede alentar el reemplazo de fuerza de trabajo por máquinas o dispositivos tecnológicos como es habitual en el capitalismo, como también hacer más intenso el consumo de la fuerza de trabajo, lo que llaman elevar la productividad del trabajo, a costa de sostener sin cambios el salario y la duración de la jornada laboral. De aquí la mejora en la rentabilidad de la empresa. Dice Marx “la técnica secuestra la capacidad total del trabajador, la reducción del tiempo de trabajo por la productividad es una abstracción marchita (…) convierten al obrero en un autómata dotado de vida. (…) el obrero se ha convertido en un componente vivo del taller” (Marx, 21 – 33: 2005) [1].

El obrero como material descartable

En este sentido, Goñi, no hace referencia a los puestos de trabajo que serían desplazados por la implementación de nuevas tecnologías. De hecho desde 2017 la empresa ha ido reduciendo en forma sistemática personal a partir de la introducción de tecnologías. “En el ingenio Ledesma, según comentó el secretario general del sindicato (Rafael Vargas), durante el gobierno de Mauricio Macri se avanzó en la reducción del personal en un proceso vinculado a la tecnificación de la fábrica y del campo, y junto a un retroceso en las condiciones de trabajo en cuanto a las categorizaciones y a la temporalidad”, indica un reciente documento de Flacso [2]. Según el concejal del PTS-Frente de Izquierda en Libertador Gral. San Martín, Miguel López, desde 2017 ya son entre 250 y 300 los despidos en Ledesma.

Las innovaciones tecnológicas en manos del capital tienen como objeto acotar el tiempo de los procesos de producción y de trabajo, aunque ocurren a costa de reducir el número de obreros empleados. Para el capitalista individual, este reemplazo de fuerza de trabajo por máquinas o nuevas tecnologías aminora el capital adelantado para el pago de salarios y opera sobre sus costos. Esto Goñi como representante de la clase empresaria lo sabe muy bien, por eso, además de ocultarlo, trata de engañar a los trabajadores prometiendo un futuro de mejoras por la capacitación que exigen las nueva tecnologías por parte de los obreros y, de esta manera, la posibilidad de recibir un salario mayor. En caso que esto suceda, será sobre una masa total de trabajadores inferior a la existente previa a la implementación de las nuevas tecnologías.

El dilema de la tecnología en manos del capital

La historia de la tecnificación del campo argentino de las últimas cuatro décadas dio mejoras notables en sus rendimientos y rentabilidad. El caso del azúcar no ha sido la excepción. Desde fines de los 60´cuando atraviesa una gran transformación a partir de la creciente mecanización de la zafra en Ledesma fueron miles los peones rurales y golondrinas que quedaron sin empleo. El reemplazo de la zafra manual no se vio acompañado por ninguna otra oferta laboral por parte de la empresa para los trabajadores. Autores como Gastón Gordillo indican el doble rol que jugó la mecanización de la zafra en los ingenios más grandes del país. Por un lado, la introducción de cosechadoras significó una notable reducción de costos; por otro lado, jugó un papel disciplinador de la clase trabajadora ante la amenaza que significaba una masa de miles de trabajadores rurales en los ingenios en un contexto de ascenso de la lucha de clases luego del “Cordobazo” [3].

Por el momento actual, las transformaciones tecnológicas de Ledesma, sin llegar a la magnitud de aquel entonces, corren más asociados a mejoras en la rentabilidad del capital que a una amenaza de la organización obrera. Goñi sostiene que la innovación que se busca, tiene un aspecto ofensivo “para el crecimiento y el desarrollo”, pero sobre todo defensivo “para poder ser cada vez más competitivos porque hoy el mundo está cambiando y si no somos más competitivos nos quedamos atrás.”

Lo que para Goñi es una “tremenda oportunidad” de mejorar los negocios y la rentabilidad de Ledesma, exige preparar a los trabajadores desde los sindicatos en defensa de sus puestos de trabajo ante inminentes despidos y del uso el uso de la tecnología con fines de persecución o de mayor exigencia en los ritmos de trabajo. Si la empresa introduce tecnologías no puede ser a costa de los puestos de trabajo, se debe reubicar al personal en otras actividades, sin perder sus derechos.

Por último, considerado la estrategia de innovación de Ledesma toda respuesta de parte de los trabajadores necesita ser tomada abriendo la reflexión sobre el rol que podrían jugar los últimos avances de la tecnología si estuvieran puestos en función de las necesidades de las mayorías sociales. Se podría pensar entonces en reducir los tiempos de trabajo y el esfuerzo físico (en muchas actividades y tareas), habilitando al reparto de las horas de trabajo entre todas las manos disponibles –sin afectar los salarios-, permitiendo así generar trabajo genuino para los desocupados como también una liberación de tiempo para el descanso y la recreación de cada trabajador. Por otro lado, se podría alcanzar un mejor uso del suelo en el sentido de evitar el desgaste acelerado que hoy le imprime la producción capitalista basada en la búsqueda permanente de ganancias. Todo esto solo puede ser posible si la clase trabajadora conquista una organización política capaz de conducir a millones a quitarle el control de las tierras y los medios de producción a la clase capitalista.

Fuentes:

[1] Marx, Karl, La tecnología del capital, Ítaca, México 2005.

[2] “La crisis del COVID-19 y las relaciones laborales en la industria siderúrgica y la agroindustria azucarera en Argentina (marzo-junio 2020)”. Flacso.

[3] Gastón Gordillo, La mecanización de la zafra saltojujeña y sus efectos sobre los indígenas del Chaco Centro-Occidental, Revista. Desarrollo Económico. Vol. 35, No. 137 (Apr. – Jun., 1995), pp. 105-126 (22 pages).

* Economista y Docente de la Universidad Nacional de Jujuy.

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