«A la izquierda del peronismo no hay nada…», por Luis Brunetto

El desarrollo del Polo Obrero y las organizaciones piqueteras combativas, el crecimiento electoral del FIT- U en los barrios obreros, el desafío a la hegemonía punteril pejotista, la ratificación del clasismo en el SUTNA, las preocupaciones de Jorge Asís y de Cristina, ingredientes que construyen un interrogante: ¿está alumbrando la sociedad argentina una izquierda de masas?

Por Luis Brunetto/

«A la izquierda del peronismo no hay nada». Ya sonaba increíble que la vecina del country más caro de La Plata y primera candidata a diputada nacional por el peronismo bonaerense sacara a relucir, al inicio de la campaña, la frase recontragastada. Lo absurdo de semejante aserto en boca de una de las tantas millonarias representantes de un gobierno autoconfeso culpable de perpetrar un ajuste feroz sobre la población trabajadora, hacía conveniente morigerar, al menos, el uso del fácil y tentador argumento, por usar un sustantivo indulgente.

Pero, evidentemente, la catástrofe del 12 de septiembre, lógica de toda lógica, obligó a revisar los tópicos electorales y a revivir algunos de aquellos que habían sido descartados, y entre los anatemas resucitados no podía faltar el argumento que se desprende naturalmente de aquella afirmación de Victoria Tolosa Paz, tan antiguo como caro al arsenal discursivo nac & pop: «la izquierda le hace el juego a la derecha». Todo sea por rapiñarle un puntito a la izquierda y reducir la brecha en una elección que los propios jefes pejotistas juzgan imposible dar vuelta.

A esa preocupación coyuntural se une la que brota del desafío que supondría, para la hegemonía del aparato pejotista, el arraigo de las ideas socialistas entre la población trabajadora más explotada. En concreto y en lo inmediato, dos cosas preocupan a los jerarcas peronistas de todo pelaje. Por un lado, el hecho de que el voto al FIT- U haya crecido en importantes franjas populares, mucho más allá de su tradicional influencia en sectores de la pequeña burguesía capitalina o del primer cordón. En Matanza, sus mejores guarismos, orillando el 10 %, se dieron en González Catán, Virrey del Pino, Laferrere y Rafael Castillo, mientras en zonas de clase media como Ramos Mejía o Ciudad Evita las cifras oscilaron alrededor del 6. El orilleo del 10 %, además, se repitió en los distritos más  empobrecidos del GBA como Merlo, Pte. Perón (dónde está Guernica), o Moreno.

El otro desvelo surge de la posibilidad del ingreso de concejales de izquierda, que podrían dislocar el entramado de negociados y de estructuras de contención social tejidos con décadas de paciencia por los aparatos de los partidos burgueses, bajo la hegemonía de los barones del conurbano. «Si la izquierda mete concejales estaría coronando un crecimiento que se ve en los barrios. Y es más peligroso, te diría, que meta concejales que diputados, que no deja de ser simbólico», respondió en off a este cronista un alto dirigente del peronismo lomense.

El dolor de ya no ser…

Esta preocupación, por supuesto, es transversal al peronismo y a Juntos por el Cambio, que son testigos casi impotentes del crecimiento del Polo Obrero y las demás organizaciones piqueteras combativas, en detrimento de las organizaciones cayetanas nucleadas en la UTEP. Ambos confluyen en el espanto que les provoca la posibilidad de estar asistiendo a un proceso tan anunciado y previsto como temido por la burguesía y sus partidos: el desplazamiento duradero del control peronista sobre la clase trabajadora, en principio en sus franjas perennemente desocupadas, hacia la izquierda.

En julio, el brillante analista burgués Jorge Asís daba cuenta de ese miedo al señalar que “…si los desocupados que se movilizan con el Polo Obrero fueran de izquierda, estaríamos viviendo una etapa prerrevolucionaria. Por suerte, el 85 % votan a la doctora”. Meses después, aquella afirmación de Asís suena cuando menos discutible: en gran medida, el crecimiento electoral del FIT- U en GBA se explica por el crecimiento del Polo Obrero. Según los propios dirigentes del Polo, y a diferencia de otros períodos en que los desocupados nutrían masivamente las filas de esa y de otras organizaciones piqueteras combativas pero votaban al peronismo, esta vez sus miembros, además de votar por el FIT- U, se han puesto al hombro la campaña.

De ese salto político que desde el Partido y el Polo Obrero afirman se estaría produciendo, daría cuenta el gigantesco reclutamiento de fiscales electorales, que en las últimas PASO habrían sido cerca de 16 mil en la provincia de Buenos Aires, de los que La Matanza solamente habría aportado alrededor de 2 mil. De los 35 mil participantes del acto en apoyo al FIT- U organizado por el PO en Plaza de Mayo el 30 de octubre, el grueso de los manifestantes provenía de las barriadas populares organizadas en el Polo. Desde el PO matancero afirman que casi 10 mil manifestantes partieron del municipio gobernado por Fernando Espinoza hacia la Plaza del 17 de Octubre y del 20 de diciembre.

Si antes el desocupado se organizaba con la izquierda pero votaba peronismo, esta vez la desilusión parece haber derribado los últimos elementos de contención, incluyendo el prestigio de Cristina. Y fue justamente ella, perspicaz, la que dio la señal para salir a contener la fuga de votos hacia la izquierda cuando previno sobre el peligro del desplazamiento de franjas de la población hacia los extremos del arco político.

La campaña para rapiñarle unos votitos a la izquierda

Fue para inaugurar esa estrategia de contención que Cristina proclamó en aquel discurso en la ex ESMA, la inmanencia infinita del capitalismo advenida entre los años 1989- 91, y de la que se deduce automáticamente la inmamencia inútil y utopista de la izquierda. No tuvo, por supuesto, empacho alguno en proclamar tales verdades burguesas en el mismo escenario en que el capitalismo argentino se encargó de torturar, asesinar y desaparecer a miles de argentinos que luchaban por la revolución socialista.

Y una vez que la jefa fijó la nueva y genial estrategia se inició el ciclo de radicalización ad hoc, del que es expresión por ejemplo el impagable videíto enfervorizado en que unos cuantos centenares de militantes camporistas, entre los que sobresale el militante inmobiliario Máximo Kirchner y el insert de una Cristina bailando al ritmo de la juventud maravillosa del Siglo XXI, prometen no pagar la deuda a costa del hambre del pueblo o a lo mejor si…

Aunque tal vez sea la más ridícula de las piezas de la campaña por rapiñarle un puntito a la izquierda, el videíto no es por supuesto la única. Mucho más sofisticado, entre las joyitas del refrito argumental antizquierdista descuella el artículo de David Cufré en Página 12, convenientemente titulado “Cómo votó la izquierda las leyes económicas” (30- 10).

Como votó la izquierda las leyes económicas haciendo el juego a la derecha según David Cufré

Apoyándose en un resumen del desempeño parlamentario del bloque del FIT, Cufré pretende probar la tesis bien conocida por tutti quanti según la cual “la izquierda le hace el juego a la derecha”. Pero, aunque digno de mejores causas, su empeño a la hora de demostrar que Romina del Plá y Patricia Bullrich sirven al mismo amo resultó, sin embargo, infructuoso.

Efectivamente, Cufré realiza un detallado raconto del desempeño “derechista” de los diputados de izquierda en el que la joya más brillante, como no podía ser de otra manera, es la abstención en la Ley de Aporte Extraordinario a las Grandes Fortunas. Pero la probanza del desempeño “derechista” resulta todo menos una empresa fácil. Veamos…

Dice el propio Cufré: “El Frente de Izquierda había presentado en mayo del año pasado un proyecto de ley para fijar un impuesto a las grandes empresas y las grandes fortunas, de carácter permanente, que según su estimación permitiría recaudar 15 mil millones de dólares”. O sea, varios meses antes que el kirchnerismo, y con un propósito recaudatorio muy superior que el que impondría el proyecto oficial.

¿Con que argumentos entonces apoya Cufré su tesis “la izquierda… etc., etc.”? Así: “El proyecto del oficialismo resultó aprobado por 133 votos contra 115 de la oposición, casi todos de Juntos por el Cambio. También hubo dos abstenciones: las de Del Caño y su compañera de bancada, Romina Del Plá.” O sea: ningún argumento…

Por supuesto, Cufré no dice que el impuesto propuesto por el FIT establecía un piso para el pago de $ 100 millones, muy por debajo de los $ 300 millones que estableció la ley que finalmente aprobó el aporte que debieron también abonar los diputados peronistas millonarios Máximo Kirchner y Carlos Heller. Tampoco señala que el aporte votado gravó solamente a las fortunas personales, pero no a las empresas, mientras el proyecto del FIT proponía un impuesto a las grandes empresas industriales, comerciales, financieras, a la propiedad terrateniente y a la propiedad de viviendas ociosas…  

Nobleza obliga, cita Cufré el discurso de Del Plá: «Como el presupuesto de ajuste está haciendo ruido, la liberación de las tarifas desde enero y la inflación están haciendo ruido, como todo este paquete de ajuste está haciendo mucho ruido, bueno hay que armar la maniobra distractiva. Entonces sacamos del cajón el proyecto de aporte solidario». Eran los tiempos en que la diputada Fernanda Vallejos, que el 13 de septiembre de este año comunicó al país que su gobierno había llevado a cabo un ajuste gigantesco, negaba que en el país se estuviera llevando a cabo un ajuste gigantesco, como en cambio denunciaba en su discurso Del Plá. A Cufré le parece cuestionable la conducta de Del Plá, pero la de Vallejos y la de todo el bloque peronista promotor del ajuste ni le hace cosquillas. Feo…

Y cita a del Caño: “Después de ocho meses de dar vueltas traen esta ley que se intenta presentar casi como un acto revolucionario, pero que en realidad es el camuflaje de un ajuste contra el pueblo. Es como si alguien que te quitó 100 pesos te devolviera 2,50. Y quiere que le firmes un papel, y que además hagas una fiesta. Es inaceptable. Es una farsa. De lo recaudado con este impuesto casi la mitad va a ir a la explotación del gas con el método del fracking o al beneficio de empresarios, mientras se elimina el IFE, digo, para marcar las prioridades”.

Veamos: el aporte finalmente recaudó unos U$S 2 mil millones, una cifra apenas superior a la pagada por el gobierno en el último desembolso al FMI. Del total recaudado, U$S 500 millones se destinaron a subsidiar la producción de gas a través de explotaciones de fracking en Vaca Muerta, beneficiando a empresas como Tecpetrol (Techint), Pampa Energía (Mindlin), Pan American Energy (Bulgheroni) y otros emprendedores en situación desesperante, y unos U$S 400 millones a los viejos y queridos subsidios a los Pequeños y Medianos Explotadores, mientras se negaba un nuevo IFE a los millones de desocupados que forman el grueso de la clase trabajadora en la época de  la decadencia capitalista.

Evidentemente Del Plá y del Caño tenían razón…

Y nada más sobre este asunto dice el amigo Cufré. “Con amigos así…”, estarían diciendo en el Frente de Todos…

¿Hacia una izquierda de masas?

La hegemonía punteril del peronismo es una de las claves fundamentales de la estabilidad del régimen capitalista en nuestro país. Si el FIT- U repite e incluso mejora su desempeño electoral en noviembre estará probada la crisis de esa hegemonía punteril, desafiada por la influencia de los partidos de izquierda, especialmente del Partido Obrero, por la vía del Polo Obrero.

Ese desafío, además, puede repercutir de un modo dialéctico en el estímulo al cuestionamiento de las direcciones sindicales burocráticas. A la tarea enormemente difícil de estabilizar la dirección clasista en el gremio del neumático contribuyeron también los métodos de colaboración entre trabajadores ocupados y desocupados a los que recurrió acertadamente la dirección de la Lista Negra. La ratificación y la profundización del apoyo a esa dirección clasista y combativa del SUTNA es una pequeña pero exitosa prueba concreta de las posibilidades que el clasismo, apoyado en la unidad de toda la clase y unido a una perspectiva política, puede abrir a la clase trabajadora.

La hegemonía del FIT- U sobre la izquierda, el éxito de una experiencia de 10 años que, con innumerables limitaciones, desacuerdos y aun errores, tiene el mérito de haber sentado las bases de una corriente política estructurada alrededor del concepto de la independencia de clase, es indudable.

Esa hegemonía exige, sin embargo, que el FIT- U deje de postergar la puesta en práctica de una instancia propia de discusión y desarrollo de su orientación estratégica que, a la vez, permitirá abrir un diálogo con las franjas de la militancia de izquierda que están fuera del Frente.

Incluso con aquellas que sufren de la enfermedad del sectarismo anti- FIT, pero que no podrán más que rendirse a la evidencia de los hechos o desaparecer de la escena política.

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