Ismael Jalil: “A Alejandro Espíndola lo asesinó una turba con el policía Marcos Gallardo a la cabeza”

El pasado 6 de octubre Alejandro Espíndola fue atacado a balazos en el barrio de Villa Scasso, González Catán, por un grupo de vecinos liderado por Marcos Gallardo, agente de la Policía Bonaerense que se encontraba fuera de su horario de servicio, quienes lo inculpaban por un supuesto robo. Luego de recibir tres operaciones y contraer covid – 19 en el Hospital Simplemente Evita, Espíndola finalmente falleció el 23 de octubre y su familia exige que se investigue el crimen por el que ni siquiera fueron realizados los peritajes correspondientes en el lugar de los hechos. Estación Finlandia dialogó con Ismael Jalil, abogado de CORREPI, quien interviene en una causa a la que considera paradigmática de los procesos de “disciplinamiento social al interior de la clase trabajadora”.

Por Redacción /

Estación Finlandia: ¿Qué sucedió ese 6 de octubre?

Ismael Jalil: El hecho ocurre alrededor de las 23 horas en Villa Scasso, en González Catán, La Matanza profunda, calles de tierra, casas humildes… un barrio de gente de trabajo. A la vuelta de la casa de la tía de Alejandro se produce un hipotético robo, justo en frente de donde vive Gallardo. Empieza a sonar la alarma vecinal y con este policía se juntan unos quince vecinos diciendo que los ladrones estaban saltando por los techos, algo que es un absurdo porque en Villa Scasso las casas no están pegadas entre sí, no hay forma de saltar entre casa y casa. Ahí este grupo de vecinos empieza a meterse en las casas del barrio, pateando las puertas para buscar a los supuestos ladrones…

E.F: ¿Alejandro estaba ahí?

I.J: No, en ese horario Alejandro estaba a cuatro cuadras, se había juntado con un grupo de chicos y chicas. En un momento, con un amigo deciden ir a comprar a un kiosko que se encuentra en frente a lo de la tía de Alejandro y, cuando doblan por la esquina de esa calle, se topan con la turba que viene de frente con el policía a la cabeza. Cuando los ven gritan “ahí están las lacras, ahí están las lacras” y empiezan a tirar, algunos vecinos con armas caseras y el policía con la reglamentaria, en el lugar hay hasta tiros incrustados en los árboles. Los salen a correr y un balazo entra por la ingle y sale por la nalga de Alejandro, a quien luego lo derivan al Simplemente Evita, donde contrae covid – 19, lo operan tres veces y termina muriendo el 23 de octubre.

E.F: ¿Cómo se investigó esto en un primer momento?

I.J: No hubo ninguna investigación, la causa quedó muerta en la UFI de La Matanza, de la doctora Casal Gatto. Tomaron un par de testimoniales en la misma Comisaría donde, por supuesto, construyeron la idea de que eran ladrones, pero en la escena no se hizo ningún relevamiento, no se recogieron las vainas, no se hicieron peritajes balísticos, no se tomó testimonial a los amigos de Alejandro, ni se llamó a la tía que, al momento del crimen, gritaba “no le tiren, es mi sobrino”.

E.F: ¿Hay alguna forma de revertir la investigación a esta altura?

I.J: Cuando falleció Alejandro la causa pasó a la UFI Temática de Homicidios, del Fiscal Medone, en el interín mandaron a hacer una autopsia que es medio irrelevante porque existe la historia clínica donde está todo, y retuvieron el cuerpo que recién fue entregado la semana pasada a la familia. Nosotros creemos que lo vamos a dar vuelta, estamos esperando que el Juzgado de Garantías nos tome como particular damnificado y ahí entrarán a pesar los testimonios que no fueron tomados. Aunque no se hicieron peritajes, la 9 milímetros de Gallardo fue secuestrada y le faltan balas, lo que prueba que disparó, además él reconoce que iba al frente.

“El rol de Sergio Berni es importante. Sus imágenes patoteando armado en las calles de los barrios alimentan este tipo de respuestas”

E.F: Este tipo de linchamientos se hacen cada vez más comunes en los barrios ¿A qué lo atribuís?

I.J: Son un producto de haber horadado la mente de la gente de los barrios con la idea de que la seguridad se consigue con actitudes policíacas, que eso va a resolver el problema, cuando lo que decimos desde CORREPI es que justamente la inseguridad es la policía en las calles. Esto da cuenta de un problema más grave, al grado de desigualdad existente se le agrega un grado de descomposición que se expresa tanto en el que va a robar, porque le roba a un igual y no lo reconoce, y sobre todo en el que responde a un agravio material haciéndole pagar el precio de la propia vida. Por otro lado, en este caso los pibes que supuestamente estaban robando nunca aparecieron, está por probarse si hubo algún robo o si fue una falsa alarma. En cualquier caso, es un hecho de un grado de perversidad terrible.

E.F: Se produce un intento de hacer “justicia” al interior de los barrios trabajadores…

I.J: Hay una sustitución de la cuestión de clase por una especie de “comunidad vecinal”, donde un policía puede compartir lugar con los trabajadores del barrio y hacer este tipo de cosas, en las que, por otro lado, siempre hay una escala jerárquica porque el policía es el que lidera. Lo que se ve es que se han instalado los criterios de la clase dominante por sobre los de los trabajadores, este tipo de actitudes no son propias de la clase trabajadora que tiene otros parámetros como la solidaridad y la comprensión entre iguales. La derrota cultural se manifiesta en estas cosas, tanto Alejandro como su amigo eran laburantes. Alejandro trabajaba en un mayorista de la calle principal de Villa Scasso y tenía hijos, toda la familia en el barrio, mientras que su amigo es changarín en el mercado central. Así y todo, aunque fueran ladrones o marginales absolutos, la clase trabajadora no puede responder así porque termina ejerciendo por sí misma el disciplinamiento social al interior de la clase, ya ni siquiera va a hacer falta la policía.

E.F: Y el mensaje se envía desde arriba…

I.J: Bueno, el rol de Sergio Berni, por ejemplo, es importante. Sus imágenes patoteando armado en las calles de los barrios alimentan este tipo de respuestas. Hay un temor potenciado: “no quiero que me choreen, salgamos y matémoslo”. Lo que aparece es una respuesta ajena a la condición de clase. Así como está planteado esto es un “mata guachos” ejercido por los propios vecinos y con la policía al frente.  

A %d blogueros les gusta esto: