“Berni, la derecha y los derechos humanos” por Ismael Jalil

Pocos días después del amotinamiento de la bonaerense y de la confirmación de que el cuerpo encontrado en Villarino Viejo era el de Facundo Astudillo Castro, ante las cámaras de A24 Sergio Berni decidió actualizar el slogan macrista del “curro de los Derechos Humanos”: “El sector de los DD.HH. es puro blabla”, aseguró el ministro de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires en entrevista con Romina Manguel. Ismael Jalil, abogado de CORREPI, analiza el juego por derecha del ministro en la Provincia. Y el de sus responsables políticos.

Por Ismael Jalil, abogado de Correpi Organización, para Estación Finlandia/

Corría Diciembre de 2014 cuando el por entonces jefe del PRO y candidato a presidente de la Nación Mauricio Macri, soltó aquél agravio que motivó una andanada de repudio y rechazo desde todos los Organismos Defensores de DD.HH. “Conmigo se termina el curro de los DD.HH.” dijo, la misma tarde en que prometía acabar con la inflación.

Tanto desde los organismos independientes nucleados en el Encuentro Memoria Verdad y Justicia, como desde los alineados con el gobierno kirchnerista, se respondió a aquel insulto haciendo hincapié en que esa nefasta promesa de campaña escondía algo más que una consigna oportunista para seducir a un electorado reaccionario.

Al poco tiempo, el radical Darío Lopérfido, por entonces ministro de cultura de la CABA, sostenía públicamente que “en la Argentina no hubo 30 mil desparecidos, esa cifra se arregló en una mesa cerrada para conseguir subisidios”.

Otra vez el repudio y el rechazo generalizado del arco político opositor de entonces y, ahora sí, la certeza de que la derecha “republicana” (de gorilas y mafiosos) esgrimía estos ataques para deslegitimar a la expresión política y social más respetada de la Argentina de los últimos 50 años: La lucha de los organismos defensores de los DD.HH., nuestra más digna carta de presentación en el mundo.

Jalil, abogado de CORREPI, en un acto de protesta en San Miguel del Monte pocos días después de la masacre.

Ambos episodios se inscribían en una estrategia de la derecha vernácula, estrategia de la que, claramente, presenciamos un nuevo capítulo. Partió de la bocota del ministro de seguridad de la provincia, el teniente coronel médico Sergio Berni quien, cual funcionario macrista, dijo muy suelto de cuerpo “Les ofrecí la dirección de Asuntos Internos de la policía bonaerense al sector de los derechos humanos pero no aceptaron. ¿Sabe por qué no aceptan? Porque hay que trabajar. ¿Sabe por qué no aceptan? Porque el sueldo de un director es cinco o seis veces menor al que cobran todos los que están trabajando en DD.HH., que cobran sueldos de los más importantes que les paga el estado, que viven viajando, dando conferencias pero que nunca aportan nada. Ese sector es puro blabla…”

La “teoría del curro” expuesta una vez más, explicitada y desarrollada. La sospecha de la mentira sobre los desaparecidos puesta en acto. La provocación como táctica y el desprestigio como estrategia de la derecha.

Sergio Berni en entrevista con la periodista Romina Manguel, de A24.
“El sector de los derechos humanos es puro babla…”, aseguró el ministro.

Sin embargo. lo que piensa, diga y ejecute Berni no puede sorprender a nadie. Conocemos su nefasta trayectoria desde los tiempos de buchón de los trabajadores mineros de Río Turbio hasta su reciente nombramiento como Ministro de Seguridad de un gobierno provincial que se pretende “nacional y popular”. No olvidamos su participación canallesca persiguiendo trabajadores del cinturón industrial de la Panamericana en su condición de Secretario de Seguridad, entre otras cucardas que luce orgulloso. Todos sabíamos quién era y qué representaba. ¿Acaso pueden ignorar esos antecedentes los que tienen la conducción política de esta etapa? ¿O es que los han tenido particularmente en cuenta y por eso lo nombraron?

En la misma semana en que un amotinamiento policial tan deplorable como funcional a la consolidación de un subjetivismo de derechas, que disparó la crisis política más severa de la pandemia, que lo tuvo escondido y ninguneado, el teniente coronel reaparece con esta provocación en medios hegemónicos de la derecha.

Cuando las calles venían gritando ¡Fuera Berni! a causa de la desaparición forzada de Facundo Castro: ¿Es casual que esa reaparición se produzca ofreciendo una imagen de fortaleza que parece sorprender más a propios que a extraños? La de Facundo es la causa emblema de una administración de la seguridad de la que es claramente responsable, y que en pandemia deja nada menos que 33 asesinatos en manos de su principal fuerza de choque…

“La idea de crecer por derecha en la Provincia pudo formar parte de una alquimia. Allá cada uno (o cada una) con la confusión entre principios y esoterismo”

Estas bravuconadas, sin embargo, deben preocupar mucho más de lo que preocupan a quienes todo lo simplifican y reducen a cuestiones delirantes. Estas bravuconadas se sostienen políticamente por encima de Berni, y eso deja de ser atributo de un departamento de psiquiatría. Hay una responsabilidad política detrás de su designación que obliga a desenmascarar la jugada.

Es verdad que con los principios no se hace política, pero los principios son imprescindibles a la hora de enmarcar el juego que se despliega de esas líneas para adentro. Aquí se han traspasado los límites del juego, Berni seguramente lo ha hecho. Si se mantiene en el cargo, entonces, no ha sido por sus méritos.

La idea de crecer por derecha en la Provincia de Buenos Aires pudo formar parte de una alquimia. Allá cada uno (o cada una) con la confusión entre principios y esoterismo. Pero cuidado: Ahora ya sabemos que el problema no es sólo Berni, aunque el FUERA BERNI se imponga más que nunca. Ahora ya está claro que el problema no es sólo “la derecha opositora”, sino la derecha. A secas.

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